Visto lo visto, «yo no te creo, hermana»
No se trata de salir en defensa de Julio Iglesias ante las denuncias de abuso, maltrato y agresión sexual que sus supuestas víctimas han presentado ante la Audiencia Nacional a través de la organización Women’s Link. Nada de eso, pero en aras a tratar de configurar y contextualizar las gravísimas acusaciones de las que está siendo objeto habría que poner en valor los mensajes, publicados por OKDIARIO, que el cantante recibió de una de sus víctimas tiempo después de su supuesta agresión sexual. Y es que el contenido de esos mensajes, enviados por la fisio venezolana que ahora está detrás de las denuncias durante su periodo laboral de 2021 y hasta un año después de abandonar su puesto, contradice o, al menos, plantea serias dudas sobre el relato de los hechos contenido en la denuncia presentada ante los tribunales.
En septiembre de 2022, más de un año después de haber dejado su empleo, la presunta víctima escribe al artista en unos términos de afecto y agradecimiento que no se corresponden, en absoluto, con los que cabe esperar de una mujer víctima de una agresión sexual. Entre otras cosas, porque esta mujer aseguró haber salido espantada de la residencia de Julio Iglesias para «no volver jamás», algo que contradicen la fecha y contenido de sus mensajes.
Por supuesto que dichos mensajes no confirmarían que su denuncia es falsa, pero sí que introducen elementos suficientes para una duda más que razonable sobre la veracidad de su testimonio. Porque alguien que, después de relatar haber sido víctima de un infierno, agradece a su presunto agresor «los valiosos días a tu lado», entre otras lindezas, no puede ser creíble sin más, por mucho que la izquierda y sus terminales mediáticas se suban al carro del «Yo sí te creo hermana» sin ninguna cautela. Porque asegurar ahora que trabajar para el cantante significaba vivir «en dictadura» y que Iglesias tenía «una personalidad superdéspota que busca quebrarte, humillarte y pisotearte» no cuadra con el tono de los mensajes que le envió tiempo después de que se produjeran, supuestamente, los hechos. Por eso, y a riesgo de que la izquierda y sus terminales nos lapiden, decimos: «Yo no te creo, hermana».
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