Segunda operación fracaso
El desafío independentista nos ha permitido visualizar el gran defecto de origen que posee nuestra Transición española, tan ejemplar en algunas cuestiones y, sin embargo, tan profundamente miope en otras. Con esto, me estoy refiriendo a la paulatina dejación de funciones del Estado en algunas regiones de España hasta su prácticamente total desaparición. Al inicio del actual periodo democrático se vio como normal que los nacionalistas, en el ejercicio de las competencias transferidas, fuesen socavando el principio de lealtad constitucional para ir creando una realidad paralela que hoy –desgraciadamente–, es la única realidad que conocen muchos ciudadanos.
En aras de la gobernabilidad central se decidió mirar hacia otro lado sabiendo lo que en realidad se estaba labrando. El desnortamiento del Gobierno de Mariano Rajoy en el asunto catalán hizo que de golpe y porrazo se intentasen solventar décadas de intencionada ausencia con algunos gestos que, a tenor del actual escenario, no ha surtido efecto. El Ejecutivo abriendo un despacho a la vicepresidenta en Cataluña o comprando unos cuantos billetes para el Puente Aéreo Madrid – Barcelona iniciando una operación diálogo más propia de un cuento de Disney, que de una Cataluña nacionalista empoderada. Aquello fracasó estrepitosamente y el resultado se está juzgando en el Tribunal Supremo (TS).
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