El populismo condena a Italia
Italia está condenada por la pandemia política de nuestros días: el populismo. Los movimientos residuales que se hicieron fuertes —o surgieron— al albur de la crisis global, han convertido el país transalpino en una de las principales preocupaciones de la Unión Europea. No es para menos, el pacto económico entre el partido de extrema izquierda Movimiento Cinco Estrellas (M5S) y los ultraderechistas de Liga Norte es garantía de inestabilidad política. Supondrá un gasto público de 70.000 millones de euros anuales. En un país con un escandaloso 131,80% de deuda sobre el Producto Interior Bruto (PIB), y con un raquítico crecimiento anual del 1,4%, supone una grave obstrucción de la economía y, por tanto, de la viabilidad y prosperidad de los italianos.
La tercera economía de la eurozona se mantiene a flote a duras penas entre las procelosas aguas de la radicalidad. La mezcla de medidas exacerbadas de una y otra formación puede suponer un grave problema para Italia y, por extensión, para el proyecto comunitario dado su peso en el mismo. La bajada salvaje de impuestos, la reforma del sistema de pensiones, los desproporcionados subsidios de desempleo o el aumento de los salarios sin el respaldo de una economía estatal saneada son ejemplos de por dónde se puede seguir abriendo la grieta en la embarcación italiana. Tanto Liga Norte como Movimiento Cinco Estrellas han descartado cualquier medida de austeridad. Pan y votos para hoy, pero ruina asegurada para un mañana incipiente. Este contexto debe ser tomado con mucha atención en España.
Entre las medidas económicas que se aplicarán en Italia, hay algunas que están incluidas en los programas de Podemos y PSOE. El ejemplo de nuestro país vecino ha de servir como aviso para evitar una situación parecida en nuestro país. El populismo rampante ahuyenta la inversión internacional. De hecho, Milán ha cerrado como la peor Bolsa de Europa. Ahora que nuestra recuperación económica ha logrado consolidarse tras muchos esfuerzos por parte de los ciudadanos y el buen hacer del Partido Popular, sería una pena malograr los avances en favor de opciones políticas y económicas sin consistencia ni base. Tenemos cerca el paradigma de lo que no hay que hacer. Sólo hace falta tomar nota y no repetir errores ajenos.
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