El plan de Sánchez: aislar a Margarita Robles
Pedro Sánchez tiene un plan: aislar y hacerle el vacío a la ministra de Defensa para que Margarita Robles termine por renunciar al cargo. Sólo así se entiende que el jefe del Ejecutivo aprovechara su intervención en el Congreso de los Diputados para humillarla públicamente, al quitarle valor a los informes del CNI que, según la ministra, advirtieron de la invasión de Ceuta a finales de julio.
La incomodidad de Robles durante el Pleno fue más que visible, negándose a participar en el coro laudatorio gubernamental que aplaudió a rabiar al presidente. La frase de su entorno, después de hablar Sánchez en la tribuna, «la ministra responde por ella, no por el presidente», es más que elocuente y viene a reafirmar el creciente distanciamiento de Robles con la posición del Ejecutivo tras la crisis de Ceuta. Y es que la ministra de Defensa conoce mejor que nadie el creciente malestar que en su departamento existe por la postura del Gobierno, ya no sólo por la desautorización de los trabajos del CNI, sino porque en el Ejército lo ocurrido a finales de julio no admite muchas dudas: fue un ataque a la integridad territorial de España, algo que dijo el propio Sánchez al día siguiente de la invasión, pero que a medida que fueron pasando los días dejó de formar parte del relato gubernamental, empeñado a toda costa en exculpar de cualquier responsabilidad al presunto invasor, Marruecos, señalado por los informes de inteligencia.
El notable malestar en el Ministerio de Defensa, ninguneado por Sánchez en favor de los ministerios de Interior y Exteriores, es también el malestar, visible, de su titular, que es plenamente consciente del plan trazado por el presidente del Gobierno para aislarla y hacerle el vacío. Margarita Robles sabe las ganas que le tienen, pero su sentido de la responsabilidad la obliga a un supremo ejercicio de mesura por el bien de la institución. O, por decirlo de otro modo, resistir para no darles el gusto de salirse con la suya.