Numerito de Collboni
¿A qué ha ido Collboni a Israel? A hacer el numerito. ¿A qué va a ir? Sigue, en este sentido, el ejemplo de Colau. La entonces alcaldesa de Barcelona —ahora se la ha tragado la tierra— anunció el 8 de febrero del 2023 que rompía relaciones con Israel y suspendía el hermanamiento con Tel Aviv.
Todo era también un paripé porque, como se sabe, las relaciones exteriores dependen de los Estados, no de las ciudades. Collboni ya no era en esa época primer teniente de alcalde. Lo había dejado unos días antes para marcar distancias de cara a la campaña. Pero el PSC continuaba en el gobierno municipal.
La alcaldesa hasta mandó una carta al primer ministro israelí, al que acusó de practicar el «apartheid» en Palestina. Benjamin Netanyahu todavía tiembla. La medida, por cierto, no pasó ni por el pleno. Fue una decisión personal y unilateral.
Lo que habría que hacer es aprender de Tel Aviv. Yo estuve de visita en el 2022. Cuando llegué, pensé que me había equivocado de vuelo y había aterrizado en Nueva York. Todo eran rascacielos. Muchos en construcción. A pesar de que ya era de noche.
Quizá la gente no lo sepa, pero fue fundada hace poco más de un siglo. Unos colonos judíos que vivían en la cercana localidad de Jaffa estaban hartos de sus vecinos árabes y decidieron fundar una nueva ciudad unos kilómetros más allá. En plena playa.
Hay una foto histórica, que se puede encontrar en internet, en la que se les ve repartiendo lo que era entonces prácticamente un desierto. Ahora es la capital económica y tecnológica no solo de Israel, sino también de Oriente Medio.
Además, Israel es una democracia. No como otros países de su entorno. De hecho, antes de la guerra hubo cuarenta días de manifestaciones contra la reforma judicial de Netanyahu. Más recientemente ha habido también, a favor de la liberación de los rehenes o en contra de la guerra. Que prueben los gazatíes a hacer una marcha pacífica contra Hamás. A ver qué pasa.
Por eso, ¿a qué ha ido Collboni? A simular que hace alguna cosa. Ya tuvo que aprobar los Presupuestos del 2024 in extremis con una cuestión de confianza.
Y lleva, a mitad de mandato, hasta cinco reprobaciones. Por la «parálisis» de la acción de gobierno o la «falta de diálogo» con la oposición, entre otras. Un récord difícilmente igualable. Creo que no lo alcanzó ninguno de sus predecesores.
Es de cajón. Cuando no puedes gobernar, te montas un viaje al extranjero o una cumbre internacional para dar imagen de hombre de Estado. Pedro Sánchez hace lo mismo. Dos años lleva ya sin presupuestos generales del Estado y aquí no pasa nada.
Lo que pasa es que con el dirigente del PSC hay un elemento añadido. En las primarias del 2014 se impuso a los otros candidatos gracias al voto pakistaní del Raval. Hubo acusaciones de compra de votos. Pakistán, por cierto, es una de las cuatro repúblicas islámicas que hay en el mundo.
El voto musulmán se movilizó por él. Obtuvo 2.500 votos. Su rival más cercana —la concejal Carmen Andrés— 1.700. Luego Jordi Martí, que acabó pasándose a los Comunes, 1.500. Laia Bonet, ahora recuperada por el propio Collboni, 1.100. Finalmente, Rocío Martínez-Sampere, que ha terminado en la fundación de Felipe González, menos de 600.
Ha habido más guiños a la comunidad musulmana. En las últimas Navidades, instalaron «luces inclusivas» en el Raval, distrito con un 40% de población extranjera. Y con el pesebre de la plaza de Sant Jaume supero incluso a Ada Colau.
La líder de los Comunes mantenía el belén con un recién nacido de diseño. Por llamarlo de alguna manera. En el 2018 me di un garbeo por la zona y era una silla de madera con el cartelito «Jesús» en el respaldo.
Pero en sus primeras fiestas navideñas, el actual alcalde optó por una estrella de 20 puntas para evitarse polémicas. Casi sin ninguna connotación religiosa. Podría haber pasado por un meteorito. Ni siquiera recordaba la clásica Estrella de Belén.
A mí, la verdad, es que Collboni me cae francamente mal. Cuando dirigía e-notícies, publicamos un día que se casaba.
Tenía cierto interés porque es conocida su orientación sexual. Incluso había participado en el 2016 en un festival LGTBI en Isla Fantasía, junto al convergente Santi Vila. Uno de los damnificados del proceso.
La noticia ni siquiera era propia, sino que la había avanzado Jordi Basté en Rac1. Pero me llamaron del gabinete de prensa del PSC quejándose. Alegaban que era un asunto privado y que si, por favor, la podíamos descolgar. Atendiendo a las razones, lo hice.
Me parece que, durante los 23 años al frente del digital, solo ordené descolgar dos informaciones. Una era esta. La otra, una que me pidió José Zaragoza, ahora diputado en Madrid.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando, tras el enlace, salió en todos los medios. Recuerdo, por ejemplo, una página entera en el LOC (La otra Crónica), el suplemento rosa del diario El Mundo.
Procedente de la UGT, fue jefe de la campaña de Montilla en las elecciones de noviembre del 2010. Aquellas en las que perdió nueve escaños de golpe. De 37 a 28. El entonces líder del PSC tuvo que irse a casa.
En cambio, Collboni salió de alcaldable para las municipales del 2015. No ganó, aunque acabó de teniente de alcalde de Ada Colau en el 2016. Hasta que, al año siguiente, la propia alcaldesa lo echó después de la aplicación del 155. Al fin y al cabo, Collboni era socialista y Colau coqueteaba con el proceso.
El hecho de que prescindiera de él a cajas destempladas no impidió que volvieran a pactar tras las municipales del 2019.
Las elecciones del 2023 eran su última oportunidad. Hay una ley no escrita en política que a la tercera va la vencida. Creo que desde Mitterrand, que alcanzó la presidencia de la República francesa al tercer intento y luego estuvo dieciséis años.
La verdad es que aquí tuvo también la suerte de cara. Y el PP. Daniel Sirera optó por él para evitar que llegara el candidato de Junts, Xavier Trias. Hubiera sido su segundo mandato después del de 2011-2015. Trias tenía una espinita clavada. Incluso se llevó a los nietos a la ceremonia. Para que vieran al abuelo alzarse con la alcaldía. Quedó tan disgustado con el chasco que, cuando se fue, dijo aquello de «que us bombin», que es jodan pero más fino.
Por eso, ¿a qué ha ido Collboni a Israel? Pues a remontar en las encuestas y a hacer ver que hace algo. Sigue, en este caso, la estela de dos ilustres socialistas. Pedro Sánchez, que como hemos dicho, lleva dos Presupuestos sin aprobar. Y Salvador Illa, que lleva uno.
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