Un ilustre sevillano pregonero de la Semana Santa madrileña
Estamos ya en pleno mes de marzo, el de la Semana Santa. El pasado 7 de este mes, que era sábado, se celebró en la magnífica y espectacular catedral madrileña de Santa María la Real de la Almudena el pregón de la Semana Santa 2026, a cargo de mi amigo y brillante abogado sevillano, Juan Venegas Valladares, un hombre excepcional, amantísimo marido, padre ejemplar y un lujo como amigo, amén de hermano mayor de la Cofradía de los Estudiantes.
Se trata de un nombramiento que aúna devoción, experiencia y una gran vinculación con diferentes Hermandades. Durante la lectura del pregón, Juan puso en valor la autenticidad y devoción con la que se vive en Madrid la Semana Santa. El ilustre pregonero fue presentado por el conocido periodista Manuel Marín, que puso de manifiesto las cualidades personales, profesionales y humanas de Juan.
Presidiendo, que es un decir, el jovencísimo cardenal arzobispo José Cobo, nacido en Sabiote, provincia de Jaén, en septiembre de 1965, cardenal desde julio de 2023 y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española desde 2024. También estuvieron presentes autoridades del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.
El magnífico pregón de mi amigo Juan Venegas, que contenía historia, tradición y fervor, tuvo la originalidad de combinar verso y prosa versificada, una delicia que enganchó y sorprendió a la multitud que abarrotaba la catedral.
Me hacía mucha ilusión, no lo oculto, estar presente en la lectura de este pregón, independiente de las circunstancias que concurrían en el pregonero, por una simple y sencilla razón: el 25 de febrero de 1996, 40 años han transcurrido ya, yo pronunciaba, a petición del presidente de la Federación de Cofradías, el pregón de la Semana Santa de Granada, la ciudad en la que nací.
Y si mi amigo pronunció, con visible emoción, su pregón en la catedral madrileña a mi me cupo la oportunidad de hacerlo en el magnífico templo del Monasterio de los Jerónimos donde ¡oh casualidad! hacia muchísimos años que había realizado el servicio militar porque allí estaba entonces el Cuerpo de Ingenieros.
A diferencia de Juan, que pudo leer su pregón en presencia del cardenal, a mí no me cupo tal honor. Aunque Su Eminencia granadino había sido el pregonero del año anterior, ese día, vaya usted a saber el porqué, estuvo ausente.
Oyéndote leer, repito, el magnífico pregón, confieso que soy de los que piensan que cualquier tiempo pasado no fue mejor aunque tampoco me gusta la España que vivimos que puede ser bastante más mejorable. Pero oyéndote hablar de la Semana Santa que has vivido y vives, sentí que nos hacías participar por entero en ella. Reconozco que cuando me dirigía con Carmen a la catedral, me topé con un espectáculo insólito e impresionante: el templo estaba iluminado como no lo había visto jamás y el repicar de las campanas te envolvía con sonora emoción, esas campanas que a lo largo de los siglos llamaban a la cristiandad.
No tenía la menor idea de cuál sería el contenido de tu pregón. Pero como diría Santo Tomás, «mi mente estaba cual tabula rasa» y esperaba con ansiedad que tus palabras me sorprendieran. Confieso con humildad que afortunadamente todavía tengo capacidad de asombro. En tan dulces reflexiones y sensaciones estaba cuando el sonido de una marcha procesional llenó la catedral de resonancias de Semana Santa. ¿Estaba soñando? ¿Era realidad? ¿O tan sólo la fantasía de los sentimientos?
Gracias a ti, queridísimo Juan, de golpe y porrazo la Semana Santa acababa de resucitar en mi corazón. ¡Gracias!
Chsss…
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