Hispanofobia
Los catalanes ven represión donde sólo hay ley, Constitución y convivencia. Obsesionados con romper el país que sustenta sus calamitosas cuentas públicas, tras la farsa ilegal del 1 de octubre, ahora se dedican a perseguir a los no catalanes casi como se perseguía a las personas negras en la década de los 60 en Sudáfrica. Decía Nelson Mandela, el hombre que más luchó por derribar el apartheid, que «el racismo es algo barbárico, ya sea que venga de un hombre negro o de un hombre blanco». El independentismo catalán contiene en su ADN ideológico un componente de xenofobia más que latente. Como cualquier movimiento que entierra sus raíces en el nacionalismo romántico y decimonónico, no sólo tratan de imponer su voluntad de manera coercitiva a la mayoría ciudadana, también persiguen a los diferentes por mucho que compartan la misma comunidad de individuos. Para ellos, los objetivos de su cacería incívica son «los españoles», como dicen con ánimo discriminatorio.
La última mecha la ha prendido el president golpista Carles Puigdemont cuando este lunes ha exigido la expulsión de Cataluña de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Después, los cachorros violentos de la CUP y Arran han tomado las calles para tratar de intimidar a los agentes que, en ausencia física, ética y moral de los Mossos, no hacen otra cosa que asegurar la paz social al otro lado del Ebro. Insultos como «perros» o provocaciones como «sacar la pistola» han sido sólo una mínima parte del repertorio dialéctico que los agentes han tenido que aguantar estoicos. Un reguero de violencia verbal —ya está deviniendo en física— que recorre la región de manera incesante. Así, los hosteleros de Calella han echado a Policía y Guardia Civil de sus establecimientos tras las coacciones de los separatistas. Esos son los cimientos de odio, acoso y persecución sobre los que Puigdemont y sus cómplices pretenden edificar su república ilegal.
Lo peor es que todo esto no ha hecho más que comenzar. Si son capaces de actuar así contra los policías y guardias civiles, qué no serán capaces de hacer contra la población civil no independentista. Tanto el Gobierno como las fuerzas constitucionalistas no deben permitir que semejante recua totalitaria secuestre de ese modo el presente y el futuro de la región catalana. Todo lo que no sea una pronta actuación dará alas a los que no sólo quieren romper España, sino que son herederos directos de todos aquellos regímenes que se basaban en el principio abyecto de que unas personas son mejores que otras por una mera cuestión de raza, ideas o lugar de nacimiento.
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