Hemos matado a Noelia

Editorial Noelia

Podrá parecerles a algunos que el título de este editorial es injusto y descarnado, pero lo que es injusta y descarnada es la muerte asistida —qué eufemismo— que ha acabado con la vida de Noelia, la joven de 25 años que había solicitado que le practicaran la eutanasia. Ella es víctima de la propia norma a la que decidió acogerse. Y esta sociedad, el Estado, culpable por relativizar la muerte y no ofrecer alternativas a una joven que decidió morir porque la vida le resultaba insoportable. El caso de Noelia, con un trastorno psicológico que aumentó tras intentar suicidarse después de sufrir una agresión sexual grupal, es de una crudeza insoportable, tan insoportable como a ella le parecía su existencia.

La dolencia de Noelia era básicamente psicológica o psiquiátrica, por lo que resulta incomprensible que no se apuraran al máximo todos los tratamientos previos antes de autorizar la eutanasia. La muerte asistida sólo puede ser entendida como el último recurso y después de agotar todos los tratamientos terapéuticos. No ha sido el caso, lo que nos coloca delante de una ley que tiene un agujero mortal en su propia concepción, porque si la decisión de Noelia de solicitar la eutanasia ha venido en gran parte derivada de un trastorno psicológico —esto es, de la propia enfermedad mental que padecía—, la pregunta es obvia: ¿Estaba en condiciones de decidir que le aplicaran la muerte asistida? No parece y, en todo caso, ¿ha recibido la ayuda y tratamiento psicológico y psiquiátrico para que la vida no le resultara insoportable y decidiera morir? Tampoco parece.

Noelia ha logrado su propósito y ahora nos toca a nosotros como sociedad preguntarnos si se ha hecho todo lo humanamente posible para evitar que Noelia deseara morir. Esa es la cuestión que deberíamos abordar. Porque el caso de Noelia nos concierne a todos. Lo más fácil sería despachar el asunto con el argumento de que todo se ha hecho según su voluntad. ¿La voluntad de una joven con problemas mentales? Noelia no se ha muerto, a Noelia la hemos matado. Y el Estado ha fracasado.

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