Opinión

Las guerras en Ucrania y Gaza: para conseguir un nuevo orden mundial multipolar

La geopolítica mundial está en una situación particularmente delicada, con dos conflictos bélicos en zonas muy sensibles, por el riesgo de que puedan provocar su expansión a un nivel que no pueda ya calificarse como de gravedad «limitada y controlable». El que se desarrolla en Ucrania ha cumplido dos años desde su comienzo, el 24 de febrero de 2022, mientras el de Oriente Próximo lo desencadenó un terrible ataque de la organización terrorista Hamás hace ya seis meses. Éste ocasionó más de 1200 civiles asesinados y 253 secuestrados, la mayoría de ellos civiles desarmados y que participaban en un festival musical al aire libre al sur del territorio de Israel.

Para poder diagnosticar con precisión las causas de esas auténticas guerras, es necesario conocer qué son los BRICS, y el pacto bilateral de cooperación entre China y Rusia, calificado de histórico por ambas partes, y suscrito en Pekín en febrero de 2022 entre Xi Jinping y Vladimir Putin. También es preciso conocer que el orden geopolítico mundial surgido de la Segunda Guerra Mundial en 1945, colapsó el 8 de diciembre de 1991 con la implosión de la URSS. Ese hecho histórico conmocionó al mundo al anunciar, en una comparecencia conjunta de los tres presidentes de las entonces repúblicas socialistas soviéticas de Rusia (Boris Yeltsin), Ucrania y Bielorrusia, en las cercanías de Minsk, la capital de esta última, que ejercían el derecho de autodeterminación previsto en la Constitución bolchevique de 1922. Desde entonces y hasta la actualidad, el orden geopolítico global ha estado bajo un predominio claramente occidental liderado por los EEUU.

Con la emergencia de China como una auténtica potencia política, económica y militar, ese orden ha entrado en crisis. China, Rusia, India, Brasil y Sudáfrica suponen el 40% de la población mundial, y aunque considerados como países emergentes y no desarrollados todavía al nivel de la mayoría de los 27 Estados de la UE y los de la OTAN, constituyen una alianza que a nivel económico, político y militar es una auténtica alternativa de poder al hasta ahora occidental hegemónico. Su nacimiento, aunque anterior a 2010 tiene en esta fecha con la incorporación de Sudáfrica, su nacimiento oficial con el acrónimo actual.

En la lista de países en espera para incorporarse, hay una nutrida relación que incluye desde Irán hasta Arabia Saudita, tradicionales enemigos religiosos en el mundo musulmán como líderes respectivos de la minoría chií y la mayoría suní, lo que es un hecho reseñable. Hace dos años en 2022, con la firma ya referida del tratado entre China y Rusia, se dio carta de naturaleza política y militar a su incorporación como actores de referencia en el escenario global a los integrantes de esa alianza. Xi Jinping y Putin quisieron escenificarlo de manera contundente, al comenzar la operación militar en Ucrania nada más regresar éste a Moscú procedente de Pekín. De análoga manera 20 meses después, Hamás la organización terrorista que controlaba la Franja de Gaza, dependiente totalmente del régimen islámico iraní, desencadenó el ataque contra Israel. Tras el ataque israelí al consulado iraní en Damasco, la amenaza de una represalia de particular gravedad está ya formalizada por Alí Jameini desde Teherán, abriendo otro frente de imprevisibles consecuencias.

Las dos guerras mundiales acabaron con la hegemonía europea occidental, dando paso a la actual estadounidense con la derrota de Japón y Alemania en 1945, y la desaparición previa en 1918 de los imperios zarista ruso, austrohúngaro, otomano, y prusiano, que habían sido precedidos a su vez por la desaparición del imperio español en el siglo XIX. Con el arma nuclear que acabó con la Segunda Guerra Mundial, la posibilidad de una Tercera ha estado siempre abierta, pero la conciencia de la hecatombe mundial que significaría, se tradujo en la Guerra Fría. Ahora los BRICS han formalizado su deseo de establecer un nuevo orden global multipolar y la situación militar comentada responde a la voluntad de poner a prueba a EEUU y sus aliados, convirtiéndose en polos cualificados de esa nueva multipolaridad deseada. Siempre, con China y los otros BRICS en la retaguardia, ahora de Rusia e Irán.