Galicia rechaza la política económica de Sánchez
Decía el pasado viernes que Galicia estaba en juego, y de qué manera, pues se debatía entre continuar con la prosperidad que las políticas liberal-conservadoras, con sus aciertos y errores, pero netamente positivas, han proporcionado a Galicia, frente a lo que habría supuesto trasladar la política económica del sanchismo.
Esa política económica del sanchismo ya sabemos en qué consiste: sólo sabe gobernar con el impulso de una barra libre de gasto público pagada con deuda; con impuestos e inflación, es decir, con impuestos en todo caso, ya sean de forma diferida, de forma actual o vía precios, perjudicando a los más débiles, que son los que asumen un mayor incremento de precios y de sus impuestos asociados sobre el total de su renta.
El intervencionismo de la izquierda siempre empobrece, y el intervencionismo de la izquierda extrema, que es lo que es el sanchismo, empobrece de manera extrema, pues causa unos desequilibrios en la estructura económica tan profundos que requerirán de mucho tiempo y esfuerzo para ser subsanados. Eso es lo que han evitado los gallegos en el ámbito competencial regional.
Por otra parte, esas políticas liberal-conservadoras impulsaron la inversión desde la época de Fraga, que han permitido vertebrar Galicia con sus nuevas infraestructuras y contribuir, así, a modernizar su estructura económica, en lugar de despilfarrar los recursos públicos, es decir, el dinero de los contribuyentes, en tratar de crear una sociedad dependiente, subsidiada, que tenga que vivir de las subvenciones otorgadas por el gobierno de turno, con el que la izquierda trata siempre de lograr un voto cautivo, al que despoja, así, de toda capacidad de crítica, de espíritu de esfuerzo y sacrificio y de incentivo por valerse por sí mismos. En lugar de luchar por mejorar la prosperidad de los ciudadanos y ayudar a quienes temporalmente atraviesan por un bache, el intervencionismo de la izquierda riega indiscriminadamente con subvenciones a la economía, hasta el punto de hacerla menos productiva a medida que la hace más dependiente de los recursos públicos.
Los gallegos, al derrotar al sanchismo e impedir, así, que sus socios independentistas llegasen al poder, han apostado por la estabilidad presupuestaria, por el rigor en el cumplimiento de la misma, por la continuación de la modernización de la estructura económica gallega y por la prosperidad.
Decía el otro día que todo eso se jugaban los gallegos, que no era poco, y su decisión es clara y rotunda: han impedido la llegada de este Frankenstein en versión gallega, han defendido el constitucionalismo, su prosperidad y han postergado al PSOE a una situación de un partido cada vez más irrelevante, que Sánchez va devorando para tratar de salvarse él, pero el final de la escapada cada vez está más cerca y, cuando llegue, la Historia juzgará severamente a Sánchez.
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