La crisis se instala en el ‘Sandokán’ enfebrecido de RTVE
Corre un dicho por los amplios e inabarcables pasillos de RTVE, a propósito de que su circunstancial jefe, circunstancias, José Pablo López, se parece cada vez más (en sus hechos y gobernanza, no físicamente, of course) a su adorado caudillo, benefactor de prostíbulos y extrañas saunas, y también como perpetrador de pucherazos electorales. A López todo eso le importa una higa; lo importante es el poder, incluso perteneciendo y disfrutando de una administración que tiene ese corolario ético.
Bien. Mientras López, jaleado por sus pelotas y pelotillas varios (por precio), fácilmente identificables, presume de ser un presidente histórico al frente de la radiotelevisión estatal pública. Resulta que le puentean algunos (as) de sus teóricos subordinados, que, sabiendo dónde reside el poder real, se van a hablar con el ministro Bolaños, que es, al parecer, el que marca de verdad el hoy y el mañana en RTVE.
Ello parece desencuadernar el nimio andamiaje del andaluz López. El atrabiliario personaje, quizá por ello, también imitando a su icono Sánchez, ha decidido buscarse un enemigo exterior, en este caso, el presidente de la UER (ente europeo que reúne a las radios y televisiones públicas) a propósito de Israel, un ejercicio, oiga, que situaría al sujeto al frente de un antisemitismo confeso que terminará por pagar caro.
El muchacho enfebrecido invoca para defender su aislacionista postura a los mismos medios internacionales para atacar a la UER, que critican severamente al primer ministro español y los mismos periódicos que, a estas alturas, escriben que Sánchez debería estar caminito de la cárcel.
No ha gustado precisamente muchos esas invocaciones en Moncloa.
Una de sus teóricas subordinadas hasta la fecha, Alba Carrillo, por lo demás gran doctora por Salamanca, se ha permitido poner sordina a las pretensiones de gran estadista de López. De un plumazo le ha puesto el flequillo más tieso que a un erizo. Si, Carrillo, lo ha definido perfectamente: «Televisión Española Socialista…» A partir de ahí, el detritus diario, el pensamiento único, la malversación económica por doquier… Firmes ¡ar! Saluden al jefe… Recompensa, tertulias al Miró modo, con adobo de lecheritos a la gallega.
¡Qué espectáculo!