Opinión

El éxito está en el centro

Ciudadanos llega al centro liberal para celebrar su madurez. Una buena noticia para el futuro de España, ya que ocupa un terreno político tan fértil como poco cultivado. Se mira al espejo de Adolfo Suárez y estrena así el traje idóneo para una silueta política joven pero asentada con éxito en las principales instituciones públicas y políticas del país. Sus siglas se han afianzado como una opción creíble y de futuro para España. Imprescindible en Cataluña donde, además de conseguir la histórica cifra de 25 escaños en las últimas elecciones autonómicas, fiscaliza los desmanes del nacionalismo. Hace de su actividad en el Parlament una lucha necesaria para preservar la unidad de España y la defensa de sus principales símbolos: el propio idioma español y la Constitución. En ese sentido, Ciudadanos ha sabido hacer a la perfección la transición de Cataluña a Madrid, donde siempre han de ser escuchados gracias a sus 32 escaños en el Congreso. 

Su viaje desde la socialdemocracia al liberalismo progresista es un acierto total y lo convierte en un símbolo del país moderno al que debemos aspirar. La socialdemocracia languidece en España —como en casi toda Europa— con un PSOE en eterno compás de espera. Los comunistas de Podemos, por su parte, están dominados por el impulso censor de Pablo Iglesias. Por eso es tan necesario este viraje de Ciudadanos. Ante la amenaza de los “ismos” anacrónicos —populismo y nacionalismo— España necesita un partido sólido, seguro de sí mismo y joven. Protagonista en el espectro liberal. Garante de los derechos y libertades de los españoles.

Por eso, el partido capitaneado por Albert Rivera hace bien en seguir la estela del mejor legado de la UCD, ése que establecía la ética y la concordia como principios para llevar el timón de España. La historia ha demostrado, desde Felipe González hasta Mariano Rajoy, pasando por José María Aznar, que el caladero de votos donde se ganan las elecciones está en el centro. La formación naranja deberá enfrentarse ahora a dos nuevos escollos en este nuevo rumbo político. Por un lado, el PP también está trabajando para recuperar el terreno perdido, precisamente, con un giro hacia sus exitosas políticas de antaño que se ve reflejado en el aumento de la intención de voto hasta casi los 160 diputados. Y, por el otro, Albert Rivera debe darse cuenta de que es un ser terrenal, que no está por encima del bien y del mal, y debe afrontar esta nueva etapa con los pies en la tierra.