Opinión

Dos ultraizquierdas se despedazan por la mamandurria

  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

Produce ternura comprobar cómo por encima de las ideas políticas y sociales, en las facciones de la izquierda extrema, ultraizquierda o radical –como el lector prefiera- lo que cuenta es la posibilidad del uso y disfrute del poder, algo que creíamos era propio de la derecha o de la edulcorada socialdemocracia.

¿Qué diferencias ideológicas existen entre, por ejemplo, Ione Belarra y Yolanda Díaz? ¿En qué planteamientos políticos básicos difieren? Tendrían que responder ellas mismas, pero cualquier mediano observador, sin embargo, sabe que el tronco común es el mismo. Sus mentores y próceres han salido de la misma escuela comunista fracasada. Una y otra tienen sus pósters como las mismas efigies y ambas aplauden a regímenes genocidas como el cubano o el venezolano.

Como buenas comunistas de salón se abrazan a los privilegios que otorga el poder y en sus casos, una y otra son conscientes de que les queda poco tiempo para continuar con su maravilloso periplo subidas en coche oficial, Falcon, gastos de representación, megaviviendas gratis, escoltas… No se puede engañar a todos durante todo el tiempo.

Lejos de una mínima coherencia personal y política –no cobrar más de tres salarios mínimos, por ejemplo- viven zambullidas en aquello que con tanto ahínco criticaron. Naturalmente, el personal que las apoyó con entusiasmo se percató hace tiempo de que se trata de dos truhanas de mucho cuidado y, por ello, quedarán sus opciones políticas en la nada.

Una, Belarra, representa a la asilvestrada, que goza con presentarse con palabras gruesas, insultando y dialécticamente agresiva. La otra, Díaz, ejerce de simpática gallega, con su sonrisa forzada o no, sus suaves toques, besos y abrazos ya se encuentre en la calle con Borja Sémper o con Antonio Garamendi.

No se engañen: son lo mismo. Representan la misma cosa. Son comunistas que van al súper con coche oficial y después ordenan al chófer poner rumbo a la boutique, que exigen a los demás que pongan su apartamento al servicio de los okupas, precisamente para seguir ellas en coche oficial y todo gratis.