Opinión

La «defensa mosaico», la clave de la resistencia iraní

  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

El 28 de febrero comenzó el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. Después de que los atacantes hayan obtenidos triunfos como la destrucción de la armada y la aviación iraníes y la liquidación del líder supremo Alí Jamenei mediante una asombrosa operación de inteligencia, la república islámica resiste: ha bloqueado el estrecho de Ormuz y sigue disparando sus misiles contra Israel y los países árabes aliados. Desde Japón a España, todos temen que la Operación Furia Épica, planeada para unas pocas semanas, se alargue, con daños para la economía mundial. El ‘éxito’ iraní se llama Defensa Mosaico y, comprobada su eficacia, los estados mayores israelí y estadounidense están buscando cómo anularla.

En cuanto comenzaron a caer los misiles sobre Irán, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, declaró el 1 de marzo: «Hemos tenido dos décadas para estudiar las derrotas del ejército estadounidense en nuestras inmediaciones, tanto al este como al oeste [en Irak y en Afganistán]. Hemos incorporado las lecciones correspondientes. Los bombardeos en nuestra capital no afectan nuestra capacidad para librar una guerra. La Defensa Descentralizada Mosaico nos permite decidir cuándo y cómo terminará la guerra».

La estrategia de Defensa Mosaico ha dividido la Guardia Revolucionaria (Pasdaran) y el Ejército (Artesh) en numerosas unidades con autonomía, personal, planes y material propios. Cada una de las 31 regiones militares, más Teherán, dispone de su propio centro de mando y acceso a misiles, drones y sistemas de inteligencia. Si el alto mando político y militar en la capital fuese aislado o destruido, los comandantes locales seguirían combatiendo de acuerdo con instrucciones preestablecidas.

Los escenarios bélicos más parecidos al que plantea la Defensa Mosaico son las guerras de guerrillas en España contra Napoleón, en Vietnam y en Afganistán, contra los soviéticos y los norteamericanos, con la diferencia de que los iraníes cuentan con un Estado que controla todo su territorio y se han preparado para este tipo de guerra durante lustros. En los tres casos citados, los nativos derrotaron a los invasores, aunque al precio de la destrucción de sus países.

El autor del diseño de la Defensa Mosaico es el general Mohammad Ali Jafari, que entre 2007 y 2019 ocupó el cargo de comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, el cuerpo armado encargado de proteger el régimen y formado por unos 125.000 hombres. Se afanó en encontrar la manera de evitar que se repitiese en Irán el derrumbe en veintiséis días del ejército iraquí en la invasión de 2003. Ali Jafari declaró en 2007 que las Fuerzas Armadas iraníes recurrirían a tácticas de «guerra asimétrica», como las usadas por Hezbolá en Líbano contra Israel y por los rebeldes en Irak y Afganistán, contra un ataque enemigo.

La doctrina militar del régimen islámico acepta la inmensa superioridad tecnológica, aérea y naval de Estados Unidos, así como la incapacidad de los aliados de Irán (China y Rusia) para prestarle ayuda. De acuerdo con ella, el régimen iraní ha acumulado material y combustible, construido bases y silos subterráneos, elaborado programas informáticos para la guerra en el ciberespacio y distribuido su personal en pequeñas unidades y refugios que parecen indetectables para los satélites, aviones y drones enemigos. Ahora asistimos a su respuesta.

La República Islámica Iraní pretende forzar a Israel y a Estados Unidos a retirarse o detener esta campaña, gracias, no a una victoria militar, sino al agotamiento de los arsenales de ambos países; a una crisis petrolífera que dispare la inflación y el desabastecimiento mundial; a la presión popular en Estados Unidos, que ya se muestra en las encuestas y en las interpelaciones de algunos parlamentarios del Capitolio; o a la insistencia de los países árabes afectados por la guerra. Aparte de estos factores, la guerra desplaza un campo de minas hacia la Casa Blanca: las elecciones de mitad de mandato, programadas para el 3 de noviembre, en las que Trump puede perder la mayoría en el Congreso.

Una grieta en la Defensa Mosaico sería la deserción de los jefes de algunas de las regiones autónomas, pero es de esperar que la república islámica haya nombrado para esos puestos a gente de total confianza, aparte de garantizarse medios para mantener la lealtad, como las amenazas a las familias.
Descartada una sublevación popular que derroque el régimen, la CIA está impulsando el levantamiento de los kurdos en el occidente del país, junto a la frontera turca. Aunque lo lograra, no es probable que éstos pudieran poner en apuros a los iraníes, a no ser que contaran con respaldo militar hombro con hombro de esas tropas que nadie en Washington quiere enviar.

Mientras el presidente Trump asegura de manera alterna que la guerra ya ha acabado o que lo hará pronto, el canciller alemán Friedrich Merz dijo el día 10 que «lo que más nos preocupa es que, evidentemente, no existe un plan común para poner fin a esta guerra de forma rápida y definitiva».

El contraataque de los iraníes consiste en una larga resistencia, porque saben que el tiempo cuenta a su favor. En una guerra corta, Israel y EEUU vencen; en una guerra prolongada, Irán podría triunfar o, al menos, empatar.