El comunismo no trajo la democracia; la democracia acabó con el comunismo
No hay país libre en el mundo donde el comunismo haya servido para afianzar la democracia. Ni uno. La razón es bien sencilla: en las democracias asentadas, la sociedad ha ido relegando a las formaciones comunistas hasta convertirlas en fuerzas residuales o extraparlamentarias. No hay un sólo país de la UE, salvo España, donde existan Gobiernos con ministros comunistas, porque las sociedades libres han colocado a los dirigentes marxistas fuera del paisaje político.
El vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, ha asegurado, «en nombre del Gobierno de España», que «la democracia española no existiría sin la lucha de los comunistas españoles». Miente. El comunismo no trajo ni afianzó la democracia española. Fue la democracia española la que permitió que el comunismo participara de la vida política y fue la sociedad española la que libremente decidió que el comunismo español pasara a ocupar un lugar residual, intranscendente. Dice Iglesias que quien «amenaza las bases constitutivas de la democracia es la ultraderecha y la ultra-ultraderecha» que representan, a su juicio, el PP y Vox.
Iglesias es un radical de izquierdas que pretende subvertir el modelo constitucional de 1978 y triturar el régimen de libertades consagrado en la Carta Magna. Que sea vicepresidente del Gobierno alguien con una visión tan sectaria revela hasta qué punto España se enfrenta al grave desafío de sobrevivir a políticos que han dejado claro que su objetivo no es otro que demoler la monarquía constitucional.
El problema de España no es que Pablo Iglesias defienda el comunismo como factor de libertad y progreso; el problema de España es que Pedro Sánchez dependa de dirigentes de ultraizquierda como Pablo Iglesias, de golpistas y proetarras que han unido sus fuerzas para quebrar el actual marco constitucional que preserva la unidad nacional. Ese el problema de España: que quienes pretenden acabar con nuestro sistema democrático son los socios preferentes de un presidente que ha pasado de no dormir por la noche pensando que Pablo Iglesias fuera vicepresidente a colocarlo a su lado en el Consejo de Ministros. Ahora, quienes no duermen son los españoles concernidos con la libertad y la unidad de España
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