Opinión

Canadá: el liberal que repudia el orden liberal

  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

El día anterior a la intervención del presidente Trump en el Foro de Davos, habló el primer ministro de Canadá, el liberal Mark Carney. Y le dio la razón a Trump: se acabaron el orden internacional basado en reglas, la integración económica y el comercio mundial como vías para la prosperidad, la felicidad y la seguridad. Ha sido un sueño muy bonito, pero ya estamos despiertos.

Palabras asombrosas de quien fue gobernador de los Bancos centrales de Inglaterra y Canadá, titular de tres pasaportes (canadiense, irlandés y británico) y hasta ahora devoto creyente en el principio de la circulación del dinero sin límites.

Su esposa, Diana Fox, comparte su fe globalista. Es una economista especializada en políticas ambientales y, según publicó el The Telegraph, ha aplaudido a movimientos como el Occupy Wall Street, aunque sin renunciar a los privilegios y la fortuna obtenidos por los empleos de su marido. En Canadá se le ha reprochado que resida en Estados Unidos.

Después de dejar pasmada a la asistencia, Carney describió así el presente y las alternativas para los países pequeños. «Llamemos al sistema por lo que es: una intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias, en el que las más poderosas persiguen sus intereses utilizando la integración económica como arma de coacción».

Para él, «en un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por el favor o unirse para crear una tercera vía con impacto». Y entonces, en vez de ofrecer a Trump la mano para recibir, a cambio, protección del hegemón, Carney enumeró las medidas que está tomando para reforzar la independencia de Canadá, como el gasto militar, las inversiones en tecnología y la búsqueda de nuevos aliados comerciales.

De acuerdo con su pensamiento, la semana anterior, el primer ministro había viajado a Pekín, donde se reunió con el dictador comunista Xi Jinping y firmó varios memorandos, sobre energía, alimentación, cultura, comercio y hasta colaboración entre las policías canadiense y china. Una de las contrapartidas canadienses es el permiso de importación de hasta 49.000 vehículos eléctricos chinos al año con un arancel del 6,1%, en lugar del anterior del 100%. Y China es el adversario de la Casa Blanca, al que apuntan la Estrategia de Seguridad Nacional y la intervención en Venezuela.

El año pasado, Donald Trump fue el principal responsable de la victoria electoral de Carney frente al conservador Pierre Poilievre. Éste encabezaba las encuestas con una ventaja insalvable, ¡hasta que Trump empezó sus peculiares halagos a los canadienses para convertirles en miembros de los Estados Unidos! El nacionalismo llevó al gobierno a un defensor de la supresión de la soberanía.

La respuesta del presidente de Estados Unidos y de sus ministros fue inmediata. Trump escribió en su red Truth Social el 24 de enero: «Si el gobernador Carney cree que va a convertir a Canadá en un puerto de entrada para que China envíe bienes y productos a Estados Unidos, está muy equivocado. China se comerá a Canadá viva, la devorará por completo, y también destruirá sus negocios, su tejido social y su estilo de vida en general». Y concluyó con el anuncio de que si Canadá firmaba un acuerdo de comercio con Pekín, subiría los aranceles al 100%.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, añadió que la actitud beligerante de Canadá contra Estados Unidos supondrá la cancelación del CUSMA (el nuevo tratado comercial entre los dos países más México) este verano.
Carney se apresuró a contestar que de ninguna manera el acuerdo que él anunció en Pekín equivale a un tratado de libre comercio. Pero hay noticias que revelan esos vínculos entre los gobiernos de Canadá y China, que tanto enfadan a la Casa Blanca.

En junio de 2024, el Comité de Seguridad Nacional e Inteligencia de los Parlamentarios (NSICOP) difundió un informe según el cual casi una docena de parlamentarios estaban colaborando intencionadamente con gobiernos como el indio y el chino a entrometerse en la política nacional. Y en julio, cuando en Estados Unidos el presidente era Joe Biden, la ministra canadiense de Asuntos Exteriores viajó a China en una visita sorpresa para descongelar las relaciones entre ambos países, en la línea de la Estrategia Indopacífica canadiense.

Sabemos que ser vecino de Donald Trump no debe de ser como vivir en un jardín de rosas. Pero, ¿qué margen de maniobra tiene Carney para desarrollar su «comercio plurinacional»? El valor de las exportaciones canadienses ascendió a casi 550.000 millones de dólares en 2024; de ellas, el 77% se dirigió a Estados Unidos y sólo un 3,9% a China. Las importaciones, más de 540.000 millones, provinieron en un 50% de su vecino, un 12% de China y un 6,1% de México.

Además, el 90% de los ciudadanos viven en una franja lo largo de la frontera sur, desde Vancouver, en el Pacífico, hasta Saint John, en la costa del Atlántico.
Canadá depende económicamente de Estados Unidos y cambiar la situación, si se pudiera, llevaría años de negociaciones y acuerdos con otras naciones, a la vez que de adaptaciones empresariales.

Para concluir la descripción del Canadá tambaleante al que la presión de Estados Unidos puede derribar, el país, el segundo más extenso del mundo, padece tensiones separatistas. Ya se están recogiendo firmas para celebrar un referéndum de independencia en la provincia de Alberta antes de fin de año. Aunque las encuestas afirman de manera unánime que los cinco millones de habitantes optarían por permanecer dentro de la federación, surge otro foco de inestabilidad, que se une al separatismo quebequés.

Otro de los participantes en Davos, el viceprimer ministro y principal negociador comercial de China, He Lifeng, arremetió contra los aranceles, porque dañan la economía global, y pidió el regreso a un sistema de normas iguales para todos, en vez de «a la ley de la selva, donde el fuerte intimida al débil». Semejante exhibición de moralidad indigna cuando su gobierno comunista persigue a minorías étnicas y religiosas, mantiene una tiranía de partido único y roba la propiedad intelectual ajena.

Pero éste es el nuevo aliado escogido por el liberal Carney para oponerse a Trump.