La calumnia de Sánchez a Ayuso en su último libro es carne de querella
Así como el presidente del Gobierno -como el resto de diputados y senadores- disfrutan de la prerrogativa de poder expresarse en su actividad política y parlamentaria sin temor a que sus opiniones estén sujetas a una eventual persecución penal, este privilegio sólo es aplicable dentro de su ámbito de acción política, pero no en las actividades que realicen en su esfera particular.
Sánchez calumnió a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y su familia el pasado 15 de noviembre durante el debate de investidura, al vincularla con un supuesto delito de corrupción, pese a que el asunto de las comisiones a su hermano durante la pandemia fue archivado por la justicia al no encontrar indicio de delito alguno. Lo hizo desde el estrado de oradores del Congreso mientras la presidenta regional se encontraba en la tribuna de invitados, sin posibilidades de defenderse. Todo un supremo ejercicio de cobardía, pues una calumnia es eso: la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad.
Ahora la situación es distinta, porque el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, aprovecha su nuevo libro para calumniar a la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, y a su familia por la relación laboral que tuvo su hermano con una empresa adjudicataria de un contrato del Ejecutivo regional en tiempos del covid. La calumnia, en este caso, es carne de querella, porque Sánchez, en un ámbito privado y meramente profesional al margen de la política, sostiene que hubo «lucro de sus familiares en plena pandemia». Y ese lucro lo vincula claramente a la corrupción. Y deja constancia por escrito.
En la tercera parte del libro Tierra firme (escrita por su amanuense habitual, la directora de Casa Árabe, Irene Lozano) hay un capítulo que se denomina La oposición destructiva del PP en el que Sánchez afirma literalmente: «Casado intentó zafarse de la corrupción diciendo que era cosa del pasado, pero se atrevió a denunciar lo que consideró política y éticamente intolerable dentro de su partido». «Sin embargo -prosigue el jefe del Ejecutivo-, cuando señaló a la presidenta de la Comunidad de Madrid y al lucro de sus familiares en plena pandemia, su partido no pensó en apoyarlo, sino en quitárselo de en medio». Una acusación de lo más ruin que bien podría acabar en los tribunales.
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