El PSOE se podemiza

El PSOE se podemiza

El trago amargo que ha supuesto la pérdida de Andalucía ha arrancado al PSOE esa máscara de buenismo que siempre ha llevado a gala, aunque sólo fuera con fines electoralistas. Hasta ahora Susana Díaz no ha estado obligada a mostrar gentileza con sus adversarios políticos; pero con el fin de ciclo tras el pasado 2-D, Díaz tendrá que demostrar estar a la altura del momento político que vive su región y, además, defender que se mueve por el interés común de todos los andaluces y no por pura soberbia individual. Díaz y el PSOE son el claro ejemplo del mal perder, pues es probable que, de tanto usar el poder, hayan olvidado la obediencia que merecen unos resultados refrendados en las urnas.

La actitud del PSOE andaluz, que jamás ha sentido la desazón de los vencidos, roza unos niveles de vileza que resultan inenarrables. Lo primero que han hecho los socialistas, como presente de bienvenida a Juan Manuel Moreno Bonilla, ha sido radicalizarse –mimetizándose con las prácticas y lenguajes podemitas– y convocar un escrache a las puertas del Parlamento regional. Unas protestas contra el futuro presidente de la Junta que, para más inri, el PSOE ha expuesto a la opinión pública como una lucha por los derechos de las mujeres tras la irrupción democrática de VOX en Andalucía y la petición de esta formación de revisar la Ley de Violencia de Género. Una normativa que, además, no figura entre los 37 puntos del pacto gubernamental firmado entre VOX y los populares.

Podemos se ha desvinculado de las protestas feministas de este martes, algo que deja muy a las claras la pelea de las dos formaciones de izquierdas por la calle. Unas para desmontar y entorpecer el ascenso de VOX, los otros para convertir la legislatura de Moreno Bonilla en un vía crucis. El PSOE de Pedro Sánchez, que luce cada día más extremista en sus posiciones y más diluido entre las siglas podemitas, está olvidando quién es y dónde está, a pesar de contar con casi 140 años de vida.

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