Victoria animalista: Reino Unido prohíbe hervir vivos a langostas y pulpos para evitar su sufrimiento
La revolución llega a las cocinas: el aturdimiento previo sustituirá al hervido tradicional de marisco
Restaurantes británicos deberán adaptarse a "métodos humanitarios" que reconocen el dolor de estos animales
Reino Unido se suma así a Suiza, Noruega, Nueva Zelanda y Austria
Todo va a cambiar en el Reino Unido a la hora de cocinar langostas y pulpos. Hervir langostas vivas, esa práctica culinaria centenaria que ha definido la preparación del marisco en restaurantes y hogares británicos, quedará prohibida por ley como parte de la ambiciosa Estrategia de Bienestar Animal para Inglaterra publicada en diciembre de 2025.
La medida revoluciona las cocinas del país al reconocer que estos animales marinos experimentan dolor intenso cuando se introducen conscientes en agua hirviendo, obligando a chefs y restauradores a replantear métodos de preparación arraigados durante generaciones.
La nueva legislación británica establece que hervir langostas vivas, así como pulpos, cangrejos, gambas y cigalas sin aturdimiento previo, constituye una práctica inaceptable que provoca sufrimiento innecesario.
El gobierno laborista de Keir Starmer se apoya en la Ley de Bienestar Animal de 2022, que reconoció a crustáceos y cefalópodos —incluyendo pulpos y calamares— como seres sintientes capaces de sentir dolor. Sin embargo, aquella normativa no prohibió explícitamente cocerlos vivos, un vacío legal que ahora se cierra con consecuencias directas para la hostelería británica.
Del agua hirviendo al aturdimiento eléctrico
El cambio en las cocinas será radical. Hervir langostas vivas sumergiéndolas directamente en ollas burbujeantes, método preferido por chefs durante siglos por garantizar frescura y textura óptima, dejará paso a técnicas de aturdimiento eléctrico o enfriamiento previo por debajo de 4 grados centígrados.
La London School of Economics concluyó tras revisar más de 300 estudios que estos animales poseen sistemas nerviosos complejos y pueden tardar varios minutos en morir mientras experimentan dolor extremo al ser hervidos vivos.
Ben Sturgeon, director de Crustacean Compassion, organización que impulsó la reforma, declaró al Financial Times que «introducir animales conscientes en agua hirviendo provoca varios minutos de dolor insoportable». Una encuesta de YouGov revela que el 65% de los británicos se opone a hervir langostas vivas, mostrando un cambio de mentalidad en el consumidor que prioriza la ética sobre la tradición gastronómica.
Resistencia en restaurantes y marisquerías
La prohibición ha generado inquietud en el sector hostelero británico. James Chiavarini, propietario de restaurantes londinenses, cuestionó la viabilidad práctica: «La electrocución es absurda. ¿Enchufar langostas a una toma de corriente? Ningún restaurante va a hacer eso antes de hervirlas», declaró al Telegraph.
David Jarrad, director ejecutivo de la Shellfish Association of Great Britain, advirtió que el coste de los equipos de aturdimiento —alrededor de 3.500 libras esterlinas— podría llevar a muchos establecimientos a optar por importar mariscos congelados del extranjero.
Chefs y restauradores temen que prohibir hervir langostas vivas afecte la calidad del producto final. Durante siglos, cocer estos animales vivos ha sido considerado esencial para preservar la textura tierna de la carne y evitar que enzimas liberadas tras la muerte endurezcan el producto. Sin embargo, la nueva normativa obliga a la industria gastronómica británica a demostrar que los métodos humanitarios pueden mantener los estándares culinarios.
Precedente que podría expandirse a Europa
Reino Unido se suma así a Suiza, Noruega, Nueva Zelanda y Austria, países pioneros en prohibir hervir langostas vivas. La medida contrasta con España, Italia y Francia, donde esta práctica continúa siendo legal y habitual tanto en pulperías gallegas como en brasseries francesas. Sin embargo, el precedente británico abre el debate sobre si Bruselas legislará próximamente sobre técnicas culinarias que causan sufrimiento animal.
En España, desde Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA), han explicado que «sin duda se trata de un avance clave, ya que, al ser introducidos vivos en agua hirviendo, estos animales pueden tardar varios minutos en morir mientras experimentan un dolor intenso»
Emma Reynolds, secretaria de Medio Ambiente británica, explicó que la estrategia de no cocer vivos a pulpos y langostas busca «regulación más estricta donde los estándares son débiles y trabajo conjunto con el sector». La legislación se presentará al Parlamento en este 2026, marcando un punto de inflexión histórico donde la ética animal se impone sobre siglos de tradición gastronómica
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