Animales y plantas

Fuera de lugar: animales y plantas aparecen en zonas muy alejadas de sus hábitats naturales

Aumentan las migraciones de especies de animales y plantas

Por primera vez aparecen mosquitos en Islandia

Cada vez son detectados más tiburones y medusas tropicales en nuestras costas

Mientras los líderes mundiales debaten en cumbres como la COP30 de Belém sobre nuevas medidas para frenar el calentamiento global, la naturaleza ya está reaccionando. El aumento de las temperaturas, la escasez de lluvias y la pérdida de hielo empujan a animales y plantas a ocupar territorios que antes les eran ajenos.

Durante años se ha hablado del impacto del cambio climático en los glaciares o los océanos, así como para los propios seres humanos. Pero hay un efecto menos visible: la reubicación de la biodiversidad. De los polos a los trópicos, los hábitats se están transformando a velocidad de vértigo, obligando a las especies a buscar nuevos enclaves para encontrar refugio y alimento.

Según confirma el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC ):»Las condiciones climáticas cambiantes, incluido el calentamiento global, desplazan progresivamente a plantas y animales hacia latitudes más altas, mayores altitudes o aguas oceánicas más profundas». A continuación mostramos cinco ejemplos que así lo demuestran.

Mosquitos en Islandia

Por primera vez en la historia se han encontrado mosquitos en Islandia, que ha dejado de ser el último país libre de estos molestos insectos. Durante el pasado mes de octubre, el Instituto de Historia Natural de Islandia confirmó la aparición de varios ejemplares de la especie Culiseta annulata.

Esto está sucediendo en un año en el que la nación insular está registrando temperaturas récord. No es habitual que en Islandia se superen los 20 grados, y cuando esto ocurre, no suele durar más de dos o tres días al año.

Pero, en este 2025, dicho umbral ha sido superado a lo largo de diez días consecutivos, llegando a alcanzar los 26,6 grados en mayo, su mes tradicionalmente más cálido. De este modo, se están creando las condiciones para que los insectos de zonas templadas puedan sobrevivir en climas que antes eran más fríos.

Osos híbridos

En el Ártico, la pérdida de hielo está reduciendo el territorio del oso polar, lo cual está llevando a la especie a buscar nuevos parajes más al sur. Este movimiento ha provocado el contacto con otra especie, el oso grizzly canadiense, hasta el punto de que ya se han identificado varios casos de osos híbridos.

Este oso mestizo, conocido como oso grolar o pizzly, combina características de ambos progenitores: posee las grandes patas adaptadas al hielo de los polares, pero también las portentosas garras de los grizzlies.

Por otro lado, el grolar es más grande que el grizzly, pero de menor tamaño que el oso polar, y su pelaje varía entre un marrón claro y un blanco cremoso.

Ejemplar de oso grolar.

Tiburones en el Mediterráneo

Últimamente, las aguas españolas están recibiendo a visitantes inesperados: cada vez son más frecuentes los avistamientos de especies de tiburones en el Mediterráneo. Esta mayor presencia está relacionada directamente con el aumento de la temperatura marina que afecta a los patrones de caza, reproducción y migración de multitud de animales acuáticos.

No en vano, los tiburones, como animales de sangre fría que son, buscan aguas más cálidas como las que empiezan a encontrar en nuestras costas. Todo ello plantea nuevos desafíos en cuestiones como la vigilancia marina, la seguridad de los bañistas y las políticas de conservación.

Medusas tropicales

Al igual que sucede con los tiburones, las medusas tropicales están llegando a nuestras playas, impulsadas por valores térmicos que este verano se han situado entre los 29 y los 31 grados en amplias zonas del litoral mediterráneo, lo que supone entre 3 y 4 grados por encima de lo normal.

Dicho fenómeno, conocido como tropicalización, favorece el traslado de animales propios de aguas cálidas hacia ecosistemas templados o fríos, provocando con ello alteraciones en la pesca, el turismo y la biodiversidad local que están reescribiendo los ecosistemas que considerábamos estables.

Vegetación en movimiento

Este tipo de movimientos no sólo están protagonizados por animales, sino que también podemos observar cómo la vegetación está, de igual modo, migrando.

Por ejemplo, los científicos de la red europea Gloria, que analizan la evolución de la flora de alta montaña en el viejo continente, aseguran que se está produciendo un incremento del número de especies alpinas que crecen en cotas cada vez más altas.

Alta montaña

Este fenómeno también está asociado a la desestabilización del clima: incluso en zonas de alta montaña, el calor se está elevando y se están prolongando las sequías, obligando a la flora a un desplazamiento hacia la cima de 2,7 metros de media en las especies estudiadas.

«Como resultado, las especies rivales se ven amenazadas por competidoras que migran a altitudes superiores», explican los investigadores.

Proceso global

Los cambios en la distribución de animales y plantas son ya un termómetro visible del cambio  climático. Se trata de señales de un proceso global que altera ecosistemas enteros.

Los científicos alertan de que, a medida que las temperaturas suben y los hábitats se desplazan, muchas especies no consiguen adaptarse con la misma rapidez. Algunas logran migrar; otras, simplemente, desaparecen.

Este movimiento forzado de la vida natural debería servir como advertencia. Mientras en las cumbres internacionales se discuten compromisos y porcentajes de reducción de emisiones, la biodiversidad ya está reaccionando sobre el terreno para intentar adaptarse a un escenario cada vez más complejo.