Agricultura sostenible

Las aspiradoras que impulsan la agricultura sostenible: así es el revolucionario invernadero de Dyson

La compañía británica produce 1.200 toneladas al año de fresas

Dyson apuesta por una agricultura optimizada por el desarrollo tecnológico

El invernadero de fresas de Dyson genera su propia energía renovable

Conocemos a Dyson por sus innovadoras aspiradoras sin bolsa, así como por otros productos para el hogar y el cuidado personal caracterizados por su alto grado de ingeniería y diseño. Por eso resulta tan sorprendente descubrir que la compañía británica también cuenta con una filial que aplica este mismo enfoque tecnológico a un ámbito tan diferente como la agricultura sostenible.

Hablamos de Dyson Farming, empresa que fue puesta en marcha en 2012 con el propósito de producir alimentos de manera eficiente, mediante la integración de ingeniería avanzada, robótica y sistemas automatizados, el uso de energías renovables y un modelo de gestión comprometido con la protección de la biodiversidad y la reducción de las emisiones.

Uno de los ejemplos más visibles de esta forma de concebir la agricultura es el enorme invernadero de fresas, con un tamaño de unas 10,5 hectáreas, que la filial regenta en Carrington (Lincolnshire, en el este de Inglaterra). Allí se producen, cada año, unas 1.200 toneladas de esta fruta, muy valorada por los británicos.

Cuarto importador mundial

De hecho, según Index Box, compañía especializada en análisis de mercados, en 2024, último año del que se tienen todos los datos, el Reino Unido, con 64.000 toneladas, fue el cuarto importador de fresas a nivel mundial. Tan sólo le superan Estados Unidos (266.000 toneladas), Canadá (121.000 toneladas) y Alemania (119.000 toneladas).

La mayor parte de estas importaciones se concentran fuera de temporada, cuando la producción de fresas en el campo británico es muy limitada. Precisamente, esta dependencia del exterior es una de las carencias que el invernadero de la marca de aspiradoras aspira a corregir.

Como resalta su propio fundador, James Dyson: «Creo que es muy importante que Gran Bretaña cultive sus propios alimentos. Lo más emocionante de cultivar fresas de esta manera es que podemos producir fresas magníficas incluso durante el invierno».

Cultivo rotatorio

Esta producción constante a lo largo de todo el año se consigue mediante un sistema de cultivo rotativo vertical. Es decir, las fresas no crecen en el suelo, sino en canales o bandejas suspendidas que forman circuitos continuos, similares a una noria o a una cinta transportadora.

Dichas estructuras se mueven lentamente a lo largo del día, haciendo que las plantas cambien de posición periódicamente dentro del invernadero. Con ello se consigue que todas reciban una cantidad homogénea de luz, evitando que unas queden permanentemente en sombra y otras sufran un exceso de radiación.

Por otro lado, la rotación permite que todas las fresas pasen por distintas zonas del invernadero, equilibrando la exposición lumínica, la temperatura y las condiciones ambientales, con el apoyo de sistemas de iluminación LED que complementan la luz natural y simulan la radiación solar en los días más oscuros.

Sistema de cultivo rotario vertical. (Foto: Dyson Farming).

Cosechadoras robóticas

«La innovación está presente en cada parte del invernadero. Mediante software de apoyo a la toma de decisiones basado en IA, sensores inteligentes y cosechadoras robóticas, podemos optimizar las condiciones de cultivo y mejorar la eficiencia», explican desde Dyson Farming.

Todos estos dispositivos sirven para localizar las fresas que ya están maduras, garantizando así su recogida por los robots en el momento óptimo, que asegura la calidad del producto y la reducción del desperdicio.

Sin productos químicos

Dyson aboga por una agricultura libre de tóxicos. «Pretendemos producir las mejores fresas posibles y no queremos usar productos químicos ni pulverizar nada. Por eso tenemos varias máquinas para evitarlo», destaca el fundador de la compañía.

Por ejemplo, para eliminar el moho de las plantas, se emplean dispositivos de luz ultravioleta. Asimismo, en lugar de recurrir a pesticidas, se liberan insectos que se encargan de matar a los pulgones y otras plagas similares que puedan amenazar la integridad de los cultivos.

Agricultura y ganadería

Además del invernadero de fresas, Dyson Farming gestiona una amplia superficie en el Reino Unido con más de 14.500 hectáreas de tierras dedicadas a cultivos agrícolas y explotaciones ganaderas.

También dispone de dos plantas para la generación de energía en las que se aprovechan los residuos orgánicos y la biomasa procedentes de los propios cultivos.

El proceso para obtener dicha energía es relativamente sencillo: la materia orgánica se introduce en grandes tanques, llamados digestores anaeróbicos, donde bacterias especializadas descomponen los desechos en ausencia de oxígeno mediante un proceso natural conocido como digestión anaeróbica. Como resultado se obtiene un gas renovable, o biogás, compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono.

Electricidad y calor

Este gas renovable se utiliza para producir electricidad y calor, que son aprovechados para satisfacer las necesidades energéticas y de calefacción del invernadero. Según la propia compañía, sus dos plantas generan suficiente energía como para cubrir el equivalente al consumo de más de 10.000 viviendas.

Por último, la materia orgánica que queda tras el proceso de digestión anaeróbica, denominada digestato, se reutiliza como fertilizante en los campos. De este modo, se impulsa una agricultura basada en la economía circular que contribuye a reducir la huella de carbono de la actividad agrícola.

Vista aérea de los campos de cultivo, el invernadero y las plantas de biometano. (Foto:Dyson Farming).

Capital natural

Más allá de la producción de alimentos, Dyson Farming pone el foco en la conservación del capital natural, mediante prácticas que buscan mejorar la salud del suelo, favorecer la biodiversidad y contribuir a la captura de carbono.

Esta visión conecta con los fundamentos de la agricultura regenerativa, en la que no sólo se extraen recursos del entorno, sino que se trabaja para mejorar su estado a largo plazo.

En este sentido, la tecnología se utiliza no como un fin, sino como una herramienta para medir, ajustar y optimizar todos los procesos que garantizan tanto la máxima producción posible, como la sostenibilidad de los procedimientos y, en definitiva, del propio entorno rural.