Todavía no ha desaparecido del todo en España, pero los expertos se preocupan por su elevada mortandad cuando se secan los ríos
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El cangrejo de río autóctono ibérico (Austropotamobius pallipes) no se ha extinguido todavía en España, pero los especialistas lanzan una alerta seria ante su elevada mortandad cuando los ríos y arroyos se secan por completo. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasifica como especie «En Peligro», y figura en el Anexo II de la Directiva de Hábitats de la Unión Europea como especie que requiere especial atención.
El mayor estudio europeo sobre la diversidad genética de esta especie, realizado por investigadores del Real Jardín Botánico (RJB) y el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), ambos del CSIC, analizó más de 1.200 muestras de poblaciones de España, Francia, Suiza, Italia, Eslovenia y Croacia.
Los resultados confirman que la mayor parte de la variabilidad genética de la especie se concentra en el norte y centro-este de la Península Ibérica, y descartan que el cangrejo ibérico fuera introducido desde otras regiones de Europa.
Por qué muere el cangrejo de río autóctono cuando los cauces se secan
Cuando el caudal disminuye drásticamente, las pozas de agua aisladas sufren un calentamiento acelerado que atrapa a los crustáceos en un entorno sin escape. Los especialistas identifican cuatro causas principales de la mortalidad masiva.
La primera es la falta crítica de oxígeno: al reducirse el flujo de agua y subir la temperatura, los niveles de oxígeno caen en picado, lo que asfixia rápidamente a los cangrejos. La segunda es la aceleración del metabolismo: el agua cálida obliga al organismo a consumir mucha más energía para sobrevivir, y la escasez de alimento provoca la muerte por inanición.
La tercera es el hacinamiento y la depredación: al quedar atrapados en charcos pequeños, la densidad de población aumenta y los depredadores terrestres, aves y mamíferos, los capturan con facilidad. La cuarta es la vulnerabilidad intrínseca de la especie autóctona: a diferencia de las invasoras, el cangrejo ibérico tiene una capacidad muy limitada para resistir periodos de sequía fuera del fango húmedo.
La sequía también concentra a los ejemplares supervivientes en espacios reducidos, lo que facilita la transmisión de la afanomicosis si hay contacto con cangrejos invasores portadores del hongo. La investigadora del MNCN-CSIC Annie Machordom señala que los resultados del estudio genético incluyen poblaciones resistentes a la afanomicosis, un hallazgo que podría ser clave para los programas de conservación y reintroducción de la especie.
Las administraciones autonómicas han puesto en marcha planes de protección de los últimos refugios del cangrejo autóctono, con medidas de seguimiento, control de especies invasoras y mejora del hábitat en las cuencas más afectadas.
Los investigadores del CSIC advierten que la respuesta debe ampliarse a escala nacional y coordinarse con las administraciones de todas las cuencas afectadas para evitar que la mortandad estival se convierta en un punto de no retorno para las poblaciones más vulnerables.
Qué aspecto tiene el cangrejo de río autóctono y cómo diferenciarlo de los invasores
El cangrejo de río autóctono europeo se parece visualmente a una pequeña langosta de agua dulce. Su caparazón es de un tono marrón verdoso, oliváceo o pardo, lo que le permite camuflarse con las rocas y el fondo lodoso de los ríos. La cara inferior de sus pinzas y sus patas marchadoras tienen un tono blanquecino o pálido, detalle que le da su nombre científico.
Los adultos miden entre 7 y 12 centímetros de largo y poseen dos pinzas delanteras que utilizan para defenderse, capturar alimento y excavar. Su abdomen articulado termina en una aleta que dobla hacia adentro para nadar hacia atrás cuando se asusta.
Frente al cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii), que tiene un color rojo brillante y el cuerpo lleno de protuberancias ásperas, el cangrejo autóctono es más pequeño, liso y escondidizo. El cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus), otra especie invasora procedente de Norteamérica, se distingue por una mancha blanca o azul claro en la articulación de sus pinzas.
Ambas especies invasoras son portadoras sanas de Aphanomyces astaci, el hongo que causa la afanomicosis o peste del cangrejo, una enfermedad que provoca una mortalidad del 100% en el cangrejo autóctono en pocos días tras el contagio.
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