No figura entre las especies más amenazadas de España, pero los expertos alertan de que las olas de calor provocan mortandades cada vez mayores
El cambio climático es uno de los factores que más está alterando la salud de los ecosistemas acuáticos de España. Las olas de calor, cada vez más frecuentes y prolongadas, elevan la temperatura de charcas y humedales hasta niveles que superan la capacidad de resistencia de muchas especies.
En este caso se trata de la rana común (Pelophylax perezi), que más allá de mantener su papel como reguladora de insectos y alimento de otros animales, está siendo golpeada por un fenómeno que hasta ahora apenas se documentaba: la propagación de virus letales favorecida por el aumento de las temperaturas del agua.
La rana común no figura entre las especies más amenazadas de España según los catálogos oficiales de conservación. Pero un estudio del investigador del CSIC Jaime Bosch, publicado en la revista iScience, advierte de que esa situación podría empeorar si las temperaturas siguen subiendo.
El trabajo confirma que el Ranavirus, un patógeno que se multiplica con más facilidad cuanto mayor es el calor del agua, ya ha matado ejemplares de esta especie en España y podría convertirse en una amenaza mayor en los próximos años.
Qué provoca la mortandad de la rana común en España
El equipo de Bosch analizó 15 episodios de mortalidad de anfibios registrados en España entre 1988 y 2020, en localizaciones que van desde el Pirineo oscense hasta Asturias, Madrid, Burgos, Álava, Guipúzcoa y Zamora. En la mayoría de los casos, el virus responsable fue el CMTV (Common Midwife Toad Virus), una variante especialmente virulenta del Ranavirus.
La rana común aparece implicada en el brote registrado en 2017 en Corrales del Vino, Zamora, donde el virus también afectó al gallipato. Los investigadores detectaron una subida de temperatura justo antes del inicio de cada mortandad, un patrón que se repitió en los seis episodios atribuidos de forma inequívoca al CMTV. El agua caliente debilita las defensas del anfibio y, al mismo tiempo, acelera la multiplicación del virus dentro de su organismo.
Los científicos añaden un segundo factor de riesgo. Diez de los quince focos estudiados se localizaban por encima de los 1.000 metros de altitud, en charcas de montaña con poblaciones genéticamente aisladas y muy sensibles a cualquier cambio ambiental. Esa combinación de aislamiento y calor extremo multiplica la vulnerabilidad de los anfibios frente al virus.
Por qué es importante la mortandad de la rana común para el ecosistema
La rana común cumple una función que va más allá de su propia supervivencia. Controla poblaciones de insectos durante buena parte del año y sirve de alimento a aves, peces y otros depredadores de charcas y humedales. Su desaparición en un punto concreto repercute en toda la cadena trófica de ese ecosistema.
El estudio de Bosch sitúa además a la península ibérica como el territorio con mayor diversidad genética de CMTV documentada en el mundo, lo que convierte a España en un punto de especial atención para el seguimiento de este virus. Los autores no descartan que España y Portugal albergaran la población original del patógeno, desde donde podría haberse dispersado hacia el resto de Europa a lo largo de varios siglos.
Los investigadores insisten en que el calentamiento seguirá disparando nuevos brotes si las temperaturas de las charcas continúan subiendo durante la primavera y el verano, la temporada en la que se concentra la reproducción de la rana común. El equipo reclama más vigilancia en las zonas donde ya se han detectado casos, antes de que el virus gane terreno frente a una especie que, de momento, resiste.
Rasgos físicos de la rana común
La rana común es un anfibio de tamaño mediano, con una coloración verde o parda salpicada de manchas oscuras y una línea vertebral más clara que recorre su espalda de la cabeza a las patas. Los adultos miden entre 6 y 11 centímetros, y las hembras superan en tamaño a los machos.
Su piel es lisa y húmeda, sin la mancha oscura tras el ojo que distingue a otras ranas pardas. Los ojos son grandes y están situados en la parte alta de la cabeza, una posición que le permite vigilar el exterior mientras el resto del cuerpo permanece sumergido. Las patas traseras, largas y con membranas interdigitales, la convierten en una nadadora y saltadora eficaz.
Este anfibio habita en casi toda la península ibérica y en el sur de Francia, siempre cerca del agua. Vive en charcas, estanques, ríos de curso lento, acequias y humedales, y rara vez se aleja de la orilla, ya que necesita mantener la piel húmeda para respirar y regular su temperatura. Esta dependencia del agua explica por qué las sequías prolongadas afectan tanto a sus poblaciones.
Durante la época de reproducción, los machos inflan dos sacos vocales situados a los lados de la boca para emitir un canto que se escucha a distancia. Ese comportamiento reproductivo depende de la disponibilidad de agua durante la primavera, el mismo recurso que las sequías actuales reducen cada año.
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