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La sierra con mayor densidad de lobos de Europa Occidental está en Zamora y sus 65.000 hectáreas se han convertido en un refugio para la fauna salvaje

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El lobo ibérico conocido científicamente como Canis lupus signatus, es una subespecie endémica de la península ibérica que se distingue de sus parientes del norte de Europa por su tamaño más moderado, su pelaje pardo grisáceo tan característico y las líneas oscuras que marcan sus patas delanteras.

Y lo que es un hecho es que en Zamora, concretamente en la Sierra de la Culebra, este animal ha encontrado su último gran refugio en Europa Occidental. A pesar de los esfuerzos de conservación llevados a cabo en las últimas décadas, la especie sigue en una situación de vulnerabilidad, condicionada por los conflictos históricos con el ser humano, la caza ilegal y los constantes cambios en su marco de protección legal.

Cómo es la sierra de Zamora que refugia al lobo ibérico

La Sierra de la Culebra se extiende por unas 65.000 hectáreas en el noroeste de la provincia de Zamora, repartidas entre las comarcas de Aliste, Carballeda, Tábara y Sanabria. Su relieve, formado por montañas suaves como Peña Mira, que apenas supera los 1.200 metros, combina bosques de roble, pinares y amplias zonas de matorral, un mosaico de hábitats que ofrece al lobo tanto refugio como alimento en abundancia.

A esto se suma la baja densidad de población humana, con pequeños núcleos rurales dispersos que apenas interfieren en el territorio salvaje. Esta combinación de aislamiento, vegetación variada y presencia constante de presas naturales, como ciervos, corzos y jabalíes, ha convertido a la sierra en un espacio idóneo para la vida y la reproducción del lobo. De hecho, el lobo ibérico nunca llegó a desaparecer por completo de esta zona, algo poco frecuente en el resto de Europa Occidental.

Esa continuidad histórica, unida a la protección del territorio bajo figuras como la Reserva Regional de Caza, ha permitido que la especie prospere hasta convertir a la Sierra de la Culebra en el enclave con mayor densidad de lobos de toda la Unión Europea.

Así es el lobo de Europa Occidental

El lobo ibérico presenta una serie de rasgos físicos y sociales adaptados a los ecosistemas mediterráneos y de monte bajo propios de la península. En cuanto a tamaño y peso, es más pequeño que el lobo ártico o el lobo europeo oriental. Un macho adulto suele medir entre 60 y 70 centímetros de altura y pesar entre 30 y 50 kilos, mientras que las hembras son ligeramente más pequeñas.

Su nombre científico, «signatus», hace referencia precisamente a su patrón de color: presenta manchas oscuras en la parte delantera de las patas, el lomo, la cruz y la cola, que contrastan con sus mejillas blancas y el tono pardo grisáceo del resto del cuerpo.

Anatómicamente, tiene una cabeza grande y maciza, con orejas cortas y triangulares, mandíbulas potentes y ojos almendrados de color dorado o ámbar.

En cuanto a su comportamiento, vive en manadas fuertemente jerarquizadas, lideradas por una pareja alfa que suele ser la única que se reproduce. Se trata de un animal de hábitos nocturnos o crepusculares, y extremadamente esquivo en su relación con los humanos.

Por qué el lobo ibérico sigue siendo vulnerable en España

Aunque en las últimas décadas las poblaciones del norte se han mantenido relativamente estables, especialmente en el cuadrante noroeste de España, el lobo ibérico continúa figurando como especie vulnerable en la Lista Roja española. Varios factores explican esta situación.

Uno de los principales es el conflicto con la ganadería. Al alimentarse ocasionalmente de ganado en zonas donde escasean las presas salvajes, el lobo genera tensiones importantes con el sector ganadero, lo que en ocasiones deriva en represalias directas mediante lazos, disparos o cebos envenenados.

A esto se suman los cambios constantes en su estatus legal. Tras haber sido incluido en 2021 en el listado de especies con protección especial, que prohibía su caza deportiva, reformas posteriores tanto en la legislación española como en las directivas europeas han reabierto el debate sobre rebajar su nivel de protección y permitir controles poblacionales, lo que dificulta diseñar una estrategia de conservación estable a largo plazo.

La fragmentación del hábitat es otro factor determinante. Grandes infraestructuras como autopistas, líneas de tren de alta velocidad o desarrollos industriales dividen su territorio, aíslan a las manadas y frenan su expansión natural hacia el sur y el este de la península.

También influye la baja variabilidad genética de la especie. El drástico declive que sufrió la población durante el siglo XX hace que los ejemplares actuales desciendan de un grupo reducido de supervivientes, lo que se traduce en cierto grado de endogamia y una mayor vulnerabilidad frente a posibles enfermedades.

Por último, los grandes incendios forestales suponen una amenaza cada vez más relevante. Episodios como los que han afectado a la propia Sierra de la Culebra destruyen la cobertura vegetal que sirve de refugio al lobo y dispersan a sus presas naturales, como ciervos y corzos, comprometiendo su capacidad de recuperación.