Honda preocupación entre los zoólogos: las gaviotas de Doñana no solo roban comida sino que también tragan plástico
Las gaviotas que sobrevuelan Doñana han aprendido a vivir cerca de las personas, a aprovechar sus restos de comida y a moverse entre espacios urbanos y naturales con facilidad. Ese comportamiento ya forma parte de su adaptación al entorno, pero en los últimos años ha adquirido nuevas consecuencias.
Los expertos advierten de que las aves ingieren plástico en vertederos y después lo trasladan a humedales protegidos, donde estos desechos quedan dispersos en el agua y el suelo, aumentando así la contaminación.
Expertos advierten de que las gaviotas de Doñana no sólo roban comida, también ingieren plástico
El proceso empieza en los puntos donde se acumula basura. Las gaviotas acuden a vertederos y plantas de tratamiento porque encuentran alimento fácil. Allí picotean restos orgánicos mezclados con fragmentos de plástico, vidrio o textiles.
Y cuando esos trozos son pequeños, los tragan junto a la comida. Es inevitable, y más adelante explicaremos por qué sucede así.
El ecólogo Andy J. Green, investigador de la Estación Biológica de Doñana, documenta este fenómeno en un artículo publicado en The Conversation el 19 de marzo de 2026. Green describe cómo estas aves actúan como biovectores, es decir, transportan contaminación desde los vertederos hasta espacios naturales.
El sistema digestivo de las aves no descompone esos materiales, sino que sólo aprovecha la parte orgánica. Horas después, cuando regresan a dormideros o zonas de cría, expulsan los residuos en forma de egagrópilas. Ese traslado constante mueve toneladas de desechos fuera de los vertederos.
Los datos que maneja el equipo de Green explican un problema concreto. En la laguna de Fuente de Piedra, en Málaga, las gaviotas depositan cada año alrededor de 400 kilos de plástico, además de más de dos toneladas de otros residuos. En la Bahía de Cádiz, varias especies de aves acuáticas trasladan unos 530 kilos anuales.
Ese material no desaparece. En lagunas sin salida al mar, los plásticos se fragmentan y se convierten en microplásticos que entran en la cadena alimentaria. Los ingieren insectos acuáticos, peces y polluelos de flamenco. También llegan a actividades humanas como la acuicultura o la producción de sal.
El impacto también afecta a las propias aves. Green señala que muchas mueren por asfixia, enfermedades o enredos. Otras acumulan plástico en el estómago, lo que reduce su capacidad para alimentarse con normalidad.
Por qué la gaviota confunde el plástico con comida
El comportamiento de las gaviotas no responde a un error puntual. Su sistema visual está adaptado para detectar alimento en condiciones complejas, y esa ventaja se convierte en un problema en entornos alterados por el ser humano.
Estas aves poseen visión tetracromática, lo que les permite percibir el espectro ultravioleta. Muchos plásticos reflejan esa luz con intensidad, de forma similar a las escamas de un pez o a superficies húmedas. Para una gaviota, ese brillo activa el mismo estímulo que una presa.
Además, sus ojos incluyen filtros naturales que intensifican el contraste entre colores. Esa precisión les ayuda a distinguir alimento en la naturaleza, pero también las lleva a seleccionar fragmentos de plástico rojo, naranja o blanco que imitan el aspecto de pequeños animales o restos orgánicos.
El resultado es una trampa sensorial. En un vertedero o incluso en una playa, un trozo de envase puede destacar más que un alimento real. La gaviota no identifica basura, identifica señales visuales que su cerebro interpreta como comida.
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