Naturaleza
Agricultura

Gran giro en la gestión de residuos: las cáscaras de pistacho son un tesoro y pueden revolucionar la industria energética

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Algunos agricultores se refieren al pistacho como el «oro verde», pero lo que pocos saben es que su cáscara tiene un potencial energético mucho mayor de lo que pensábamos. Podría transformar la sostenibilidad de las explotaciones agrícolas.

Durante años la gestión de sus residuos en la agricultura era un problema. Ya de por sí el pistacho estaba en expansión en España, y sus ventajas extra dejan claro por qué este fruto seco estaba infravalorado.

Como ha demostrado Agro Vivero del Mediterráneo, especialistas en el cultivo de este fruto, no se estaba aprovechando el poder calorífico de la cáscara del pistacho, que rivaliza con la de otros biocombustibles más famosos.

El valor energético de la cáscara de pistacho: un biocombustible olvidado

Tras cada campaña, el procesado del pistacho genera toneladas de cáscaras que, hasta hace poco, suponían un coste añadido para el agricultor.

Su retirada implicaba transporte, almacenamiento y, en muchos casos, un impacto ambiental innecesario. Ese escenario está cambiando gracias a un dato clave: las cáscaras de pistacho tienen un poder calorífico aproximado de 4.500 kilocalorías por kilo.

Esta cifra las sitúa al nivel de biocombustibles consolidados como los pellets de madera de alta calidad. Además, tienen una ventaja añadida frente a otros residuos agrícolas.

Y es que, una vez secas, mantienen un bajo contenido en humedad y generan pocas cenizas durante la combustión. El resultado es un combustible eficiente, estable y fácil de gestionar en calderas de biomasa.

La oportunidad de que el pistacho se utilice en la generación eléctrica

El aprovechamiento energético de las cáscaras no se limita a producir calor. Su transformación en pellets o briquetas permite estandarizar el producto y abrir la puerta a su uso en instalaciones industriales y sistemas automáticos de alimentación.

Es decir, no sólo sería posible el uso de la cáscara del pistacho para el autoconsumo energético, sino que hay una vía real para la comercialización del excedente.

En explotaciones de gran tamaño, el impacto es especialmente significativo. Una finca media puede generar miles de toneladas de cáscaras cada año, suficientes para cubrir una parte importante de las necesidades energéticas de secaderos, almacenes o naves agrícolas.

En las instalaciones adecuadas, esa biomasa puede incluso emplearse para generar electricidad, lo que reduciría la dependencia de la red y amortiguaría el impacto de la volatilidad de los precios energéticos.

Desde el punto de vista económico, el cambio es evidente. Lo que antes era un gasto se convierte en un recurso estratégico capaz de recortar costes fijos y generar nuevos ingresos.

La importancia del uso de biocombustibles para la economía circular en la agricultura

Más allá del ahorro energético, el uso de cáscaras de pistacho como combustible encaja totalmente en un modelo de economía circular.

El residuo vuelve al sistema productivo, hasta cerrar el ciclo y reducir la huella ambiental de la explotación. La energía que se obtiene del propio cultivo se reinvierte en su procesamiento. Por ello crea un modelo más autosuficiente y sostenible.

Este enfoque también abre nuevas oportunidades para la industria energética, que encuentra en los subproductos agrícolas una fuente renovable, local y constante.

La clave está en el cambio de mentalidad. Donde antes se veía un residuo, ahora se detecta un recurso con alto valor añadido. Las cáscaras de pistacho ya no son un problema que gestionar, sino un activo capaz de mejorar la rentabilidad de las explotaciones.