Crece un 60% los accidentes de tráfico provocados por corzos en España
El incremento exponencial de la poblacional del corzo ha ocasionado que los accidentes de tráfico por corzo se han más que duplicado
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El corzo, desde el 2007, ha experimentado un crecimiento de población del 62%. Este incremento poblacional ha provocado que los accidentes de tráfico provocados por este pequeño ungulado hayan aumentado un 60% entre 2018 y 2022. La mayoría de estos siniestros se producen entre abril y agosto, en franjas de baja visibilidad como el amanecer o las primeras horas de la noche.
Actualmente, el corzo atraviesa el mejor momento de su historia reciente en España, en cuanto a salud y densidad se refiere. Según un estudio impulsado por la Asociación del Corzo Español y Fundación Artemisan, en las últimas décadas, el corzo no ha dejado de crecer, alcanzando a día de hoy una población de unos 900.000 ejemplares, ocupando gran parte del territorio nacional.
Este incremento poblacional no es casualidad. El desarrollo de las ciudades y, por consiguiente, la destrucción del medio natural del más pequeño de los cérvidos que habitan la Península Ibérica, unido a la presión cinegética, provocaron la regresión del corzo.
Sin embargo, a finales del siglo XX, el corzo ha experimentado una recuperación progresiva, gracias a multitud de estudios científicos de la Asociación del Corzo Español (ACE), en donde analizan a la especie al completo, entendiendo su comportamiento y su gestión cinegética.
En paralelo a este crecimiento, también se ha producido un aumento significativo de la actividad cinegética sobre la especie. Entre 2013 y 2020, el número de capturas se incrementó en un 66,8 %, en su mayoría correspondientes a machos, lo que evidencia tanto la abundancia como la presión selectiva sobre determinadas clases de edad.
A pesar de su expansión, la especie se enfrenta a otros problemas derivados de ese propio crecimiento. Entre estos problemas destacan las altas tasas de infección por parásitos, principalmente por Hipoderma actaeon y Cephenemyia stimulator, además del desquilibrio en la proporción de sexos, con predominio de hembras sobre los machos y un desajuste en la estructura de edades. A ello se suma la falta de un sistema homogéneo de monitorización a nivel nacional que permita evaluar con precisión la evolución de las poblaciones.
Otro factor de riesgo importante para los corzos son los canales de transporte de agua, donde el corzo presenta una elevada incidencia de ahogamientos, especialmente en primavera, lo que afecta de forma significativa a determinadas poblaciones locales.
Ante este escenario, los expertos coinciden en la necesidad de avanzar hacia una gestión más coordinada y técnica. El estudio propone medidas como la implantación de sistemas de seguimiento poblacional continuado, la mejora de los registros de capturas y la flexibilización de cupos en zonas con sobrepoblación.
También se plantea fomentar la caza de hembras, impulsar batidas invernales y homogeneizar los periodos hábiles entre territorios. Todo ello acompañado de un mayor control sanitario y criterios diferenciados según la edad de los ejemplares.
La conclusión es clara, el corzo se ha consolidado como una especie clave en los ecosistemas españoles, pero su futuro dependerá de una gestión rigurosa y coordinada. Administraciones, gestores, cazadores e investigadores están llamados a trabajar de forma conjunta para garantizar su conservación y equilibrio a largo plazo.