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Aún no está en peligro de extinción, pero cada verano lo tiene más difícil y algunos ríos españoles ya han perdido el 70% de sus ejemplares

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Recreación de un salmón atlántico nadando en un río de aguas cristalinas.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Cada verano, los ríos españoles se convierten en una trampa para buena parte de su fauna acuática. El calor reduce el caudal, el agua se divide en charcas aisladas, la temperatura sube y el oxígeno disuelto cae hasta niveles letales. Las especies que no pueden escapar mueren.

El salmón atlántico ha perdido el 82% de sus poblaciones en España en las últimas décadas. El desmán ibérico, un mamífero semiacuático endémico, ha perdido el 70% de sus ejemplares. El jarabugo, un pez endémico de la península, ha perdido el 70% de su población en solo seis años.

Ninguna de estas tres especies figura aún en peligro de extinción oficial, pero la tendencia es inequívoca y los científicos advierten de que este verano, previsto como especialmente caluroso y seco, puede ser un punto de inflexión para varias de ellas. El problema no es solo el calor, es la combinación de calor, sequía y fragmentación de los ríos por barreras artificiales, que impide a los animales desplazarse hacia tramos con condiciones más favorables.

Por qué el verano es cada vez más letal para la fauna de los ríos españoles

Cuando el caudal de un río baja lo suficiente, el cauce deja de ser continuo y se fragmenta en charcas aisladas. En esas charcas, el agua se calienta con rapidez porque no hay corriente que la renueve ni profundidad suficiente para mantener temperaturas más bajas en el fondo. El oxígeno disuelto cae, los peces y otros animales acuáticos quedan atrapados sin posibilidad de migrar a tramos más frescos o con mayor caudal.

España cuenta con más de un millón de barreras artificiales en sus ríos, entre presas, azudes y otros obstáculos. Esa fragmentación convierte el efecto trampa del verano en algo mucho más grave: incluso cuando un tramo de río se vuelve inhabitable, los animales no pueden desplazarse porque las barreras cortan el paso.

El salmón atlántico, que necesita migrar entre el mar y los ríos para reproducirse, lo sufre de forma especialmente severa. Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid publicado en la revista Fishes documentó que las poblaciones de salmón atlántico en los ríos cantábricos se redujeron un 85% entre los años 50 y 2022, con caídas especialmente acusadas desde finales de los 80.

El cambio climático agrava la situación de dos formas simultáneas. Por un lado, aumenta las temperaturas del agua y la frecuencia e intensidad de las sequías estivales. Por otro, altera los patrones de precipitación, reduciendo los caudales mínimos necesarios para mantener los hábitats acuáticos en condiciones viables. La sobreexplotación agrícola del agua añade presión adicional sobre los ríos en los meses en que el caudal ya es más bajo.

Qué especies fluviales están perdiendo más ejemplares en España y por qué

El salmón atlántico es la especie con el declive más documentado. Su abundancia en los ríos del norte de España ha caído un 82% respecto a los niveles históricos. Las presas bloquean su migración reproductiva desde el mar hasta los tramos altos de los ríos, donde desova. Los veranos cada vez más cálidos y secos reducen además la disponibilidad de hábitat adecuado en los tramos donde aún puede llegar.

El desmán ibérico es un mamífero semiacuático endémico de la península que necesita aguas muy limpias, frías y bien oxigenadas. Ha perdido el 70% de sus ejemplares. Su distribución se ha contraído hacia los tramos altos de los ríos de montaña, los únicos que aún ofrecen las condiciones que necesita, pero esos refugios también se ven afectados por las sequías prolongadas.

El jarabugo es un pez endémico que habita principalmente los ríos de Extremadura. En seis años ha perdido el 70% de su población. Sus ríos son especialmente vulnerables al estiaje estival: caudales bajos, temperaturas altas y alta concentración de contaminantes agrícolas cuando el agua escasea.

La anguila europea, aunque menos presente en los titulares de conservación, sufre también una mortalidad estival elevada. Las pozas que quedan aisladas al bajar el caudal se quedan sin oxígeno y se convierten en trampas mortales para los ejemplares que no logran escapar a tiempo.

En 2025, Europa demolió 603 barreras artificiales en sus ríos para mejorar la conectividad fluvial. Es un avance, pero insuficiente: quedan más de doce millones de obstáculos identificados en el continente.

En España, la restauración de caudales ecológicos y la eliminación de barreras obsoletas son las medidas que los científicos señalan como más urgentes para frenar el declive de la fauna fluvial antes de que varias especies crucen el umbral de no retorno.

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