Alegría sin precedentes entre los biólogos: investigadores americanos descubren una nueva especie de pingüino en la Antártida
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Cuando se trata de especies animales, la realidad es que apenas se sabe cuántas existen, pues hay muchas que a simple vista parecen idénticas pero tienen diferencias que sólo el análisis del ADN puede sacar a la luz.
En este caso los investigadores chilenos, brasileños y americanos han confirmado que una nueva especie de pingüino en la región subantártica ha permanecido oculta durante más de 100 años y que lo que se consideraba una sola especie es en realidad cuatro linajes genéticamente distintos.
Así es la nueva especie de pingüino que los investigadores descubren en la Antártida
Un equipo internacional liderado por la Universidad de California en Berkeley y la Universidad Andrés Bello de Chile publicó el hallazgo en abril en la revista Communications Biology.
Los biólogos secuenciaron el genoma completo de 64 ejemplares de diez colonias distintas distribuidas por el océano Austral y confirmaron que el pingüino papúa, conocido científicamente como Pygoscelis papua, no es una entidad biológica única sino cuatro especies independientes con características genéticas y morfológicas propias.
La nueva especie, bautizada como Pygoscelis kerguelensis o pingüino papúa del sureste, habita exclusivamente en las islas Kerguelen, un remoto archipiélago del océano Índico situado a casi 3.000 kilómetros de cualquier territorio habitado de forma permanente.
Nunca había sido reconocida ni siquiera como subespecie. A simple vista es prácticamente indistinguible del resto, con el mismo vientre blanco y lomo negro característico de los pingüinos papúa, pero sus diferencias genéticas acumuladas durante los últimos 300.000 a 500.000 años la convierten en una especie claramente diferenciada.
Las otras tres especies resultantes de la reclasificación son el pingüino papúa del norte, que habita en las islas Crozet, Marion y Macquarie; el pingüino papúa de Sudamérica, presente en las islas Malvinas; y el pingüino papúa del sur, que vive en la Antártida y las islas Georgias del Sur.
Rauri Bowie, conservador del Museo de Zoología de Vertebrados de Berkeley, señaló que probablemente no hay ninguna especie de pingüino cuya taxonomía haya sido más debatida durante más de un siglo.
Cómo evolucionó esta nueva especie de pingüino y qué la diferencia del resto
El aislamiento geográfico extremo de las islas subantárticas fue el motor principal de la especiación. Los pingüinos papúa anidan en los mismos lugares año tras año y no se alejan de sus colonias de cría, lo que prácticamente elimina el flujo genético entre poblaciones. Cada grupo se adaptó a su entorno local durante cientos de miles de años hasta acumular diferencias genéticas suficientes para considerarse especies distintas.
El pingüino papúa del sur, que vive en la Antártida, desarrolló genes específicos para generar calor corporal y almacenar grasa y lípidos, adaptaciones esenciales para sobrevivir en el frío polar extremo. La nueva especie de las islas Kerguelen, en cambio, vive en aguas más cálidas y saladas con menor productividad biológica, y desarrolló genes relacionados con el buceo prolongado, el transporte de oxígeno y el metabolismo eficiente de carbohidratos para sostener largas jornadas de caza en mar abierto.
Los pingüinos de las islas Malvinas y de Sudamérica presentan a su vez adaptaciones vinculadas a la digestión y a la contracción muscular y cardíaca para buscar alimento de forma constante.
Cómo se protegen estas nuevas especies ante el cambio climático
El problema de haber agrupado a estos pingüinos bajo una sola especie durante tanto tiempo es que ocultaba los peligros individuales que sufre cada población. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) deberá incorporar formalmente las cuatro nuevas especies en su Lista Roja de Especies Amenazadas para que puedan recibir protección diferenciada.
Tres de las cuatro especies, las que habitan en archipiélagos subantárticos, afrontan un futuro incierto. Los modelos climáticos proyectan que para 2050 muchas de esas islas podrían volverse inhabitables para las colonias que han residido en ellas durante milenios.
A diferencia de la especie antártica, que podría expandir su rango de distribución hacia zonas más frías a medida que el hielo retrocede, las especies insulares no tienen adónde ir.
Juliana Vianna, profesora de la Universidad Andrés Bello y autora principal del estudio, advirtió que estas aves no pueden adaptarse fácilmente para colonizar otras regiones porque sus islas están demasiado aisladas. La pesca comercial, las especies invasoras y la gripe aviar completan un cuadro de amenazas que los científicos califican de urgente.