Armenia y Georgia organizan el Mundial Sub-20 de 2029 mientras intentan no ser piezas sacrificadas
La Copa Mundial Sub-20 de la FIFA se celebrará en Armenia y Georgia, tal como fue anunciado ayer por la FIFA en Canadá, donde se celebra esta semana el Congreso anual de la federación mundial de fútbol. Son dos países de la región del Cáucaso que aún no han recurrido a organizar eventos de esta magnitud. Sin embargo, no será la primera vez que esta competición se celebre en dos países: la próxima edición, en 2027, será organizada conjuntamente por Azerbaiyán y Uzbekistán. Sí, la FIFA parece que ha descubierto la antigua Ruta de Seda para organizar sus eventos y… encontrar patrocinios.
Georgia y Armenia, dos países de la antigua Unión Soviética, están ubicados en una geografía que siempre los hará vulnerables a nivel geopolítico. Si uno repasa las últimas noticias, seguramente habrá leído que la capital de Georgia, Tbilisi, será la sede de una nueva Trump Tower. Este mismo mes, «The Trump Organization», la empresa inmobiliaria familiar de Donald Trump, anunció sus planes para construir una torre de 70 pisos en esta parte del mundo, que se convertiría en el edificio más alto no solo del país, sino de toda la región del Cáucaso. ¿El coste? Dos mil millones de dólares en inversión por parte de inversores locales.
Uno puede preguntarse si este tipo de proyectos son, en gran medida, acuerdos de marca comercial más que indicadores de una fortaleza macroeconómica subyacente o de credibilidad institucional.
Georgia, en busca de nuevas fuentes de ingresos para su economía, apostó por el sector del juego a principios de los años 2000. Rodeada de países islámicos donde el juego está prohibido o severamente restringido, los altos mandos en Tiblisi consideraron que Georgia goza de una ventaja geográfica en este sector. Prevén una afluencia constante de extranjeros procedentes de Turquía e Irán (dos países con los que tiene fronteras), y de otros de Oriente Medio, dispuestos a viajar a Georgia para apostar. Los casinos proliferaron en la ciudad costera de Batumi, a orillas del Mar Negro, aprovechando la demanda de países islámicos. Por este motivo, Georgia atrae a muchos visitantes adinerados.
Pero el verdadero auge llegó con las apuestas en línea durante la última decada, con sitios web optimizados para móviles que ofrecían apuestas deportivas. El juego es un negocio muy lucrativo en Georgia y emplea a cerca de 10.000 personas.
No solo en este sector, sino también a nivel de retransmisión de partidos deportivos, el país se ha convertido en un actor clave. En 2021, una empresa georgiana adquirió una entidad irlandesa que tenía los derechos de televisión de la región, incluso de Asia Central. Desde entonces, todas las licencias y subventas en el Cáucaso y Asia Central pasan por Georgia.
De ahí que, cuando esta semana Kvaratskhelia, la estrella georgiana de Paris Saint Germain, marcó un doblete al Bayern en la Liga de Campeones, las casas de apuestas en Georgia trabajaran a pleno rendimiento.
Sin embargo, el país natal de Stalin, en temas más profundos, tiene que moverse en un hilo muy fino. Actualmente, Georgia está presidida por un exfutbolista del Manchester City que fue nombrado presidente del Parlamento georgiano en diciembre de 2024: Mikheil Kavelashvili. Aunque el cargo de presidente en el país es en gran medida ceremonial (Georgia es una democracia parlamentaria en la que el presidente es el jefe de Estado y el primer ministro es el jefe del Parlamento), es probable que la elección de Mikheil Kavelashvili sea vista por la Unión Europea y Estados Unidos como una señal más de que Georgia se está alejando de Occidente y acercándose a Rusia.
Sin embargo, cuando Mikheil Kavelashvili fue elegido nuevo presidente de Georgia, su primera visita no fue ni a Bruselas, ni a Washington, ni a Ankara, ni a Moscú: fue a Bakú, capital de Azerbaiyán, su país vecino. ¿Por qué?, se preguntará uno. Azerbaiyán es el principal socio comercial de Georgia y uno de sus proveedores más importante de recursos energéticos. El país depende completamente de importar gas y petróleo de fuera. SOCAR, la compañía estatal de petróleo y gas de Azerbaiyán (y antiguo patrocinador principal de la UEFA), exporta gas a Georgia y mantiene una importante red de operaciones minoristas y de distribución en el país. Azerbaiyán ha invertido un total de 3.6 billones de dólares en la economía georgiana.
La manifestación tangible de esta alianza se representa en la infraestructura. El oleoducto, el gasoducto y el ferrocarril que unen Bakú (Azerbaiyán), Tbilisi (Georgia) y Ceyhan (Turquía) son como las grandes «carreteras energéticas» que llevan petróleo y gas desde el Mar Caspio hasta Europa. Estas vías no son solo un negocio entre esos tres países, sino la estructura principal que garantiza que Europa tenga energía sin depender de otras regiones, además de conectar Asia con Europa como un puente. A cambio, Azerbaiyán y Georgia ganan dinero, poder de negociación y se vuelven países clave en el mapa mundial gracias a dejar pasar esos tubos y trenes por su territorio.
La sociedad entre Armenia y Georgia
Armenia, otro país del Cáucaso, vive una situación aún más delicada que Georgia y tiene que moverse con mucho cuidado en el tablero político internacional. Durante décadas dependió de Rusia para su seguridad, pero tras la guerra de 2020 contra Azerbaiyán por la región disputada de Nagorno Karabaj, muchos armenios se sintieron abandonados por Moscú porque no cumplió con su promesa de defender a su aliado.
Esa decepción quedó clara cuando la alianza militar liderada por Rusia (el CSTO) no intervino pese a tener compromisos de defensa mutua, rompiendo así la ilusión de que el país estaba realmente protegido. Como resultado, Armenia empezó a cambiar su estrategia: en enero de 2025 anunció oficialmente una política exterior más equilibrada, buscando nuevos socios tanto en Occidente como en otras regiones. Este giro, impulsado por la superioridad militar de Azerbaiyán y la creciente competencia entre potencias mundiales, busca para Armenia más aliados, influencia y seguridades que ya no encuentra solo en Rusia.
Aunque Armenia esté buscando nuevos socios políticos, todavía depende muchísimo de Rusia en el plano económico. Gran parte de su población viaja a Rusia a trabajar por temporadas, y el dinero que envían desde allá es una fuente muy importante para la economía armenia. Además, empresarios rusos controlan sectores clave del país, como industrias básicas para su funcionamiento diario, y Rusia sigue siendo su principal socio comercial, tanto en ventas como en compras. Por si fuera poco, Armenia alberga una base militar rusa (llamada base 102).
Armenia ha pasado de depender casi exclusivamente de Rusia a una estrategia de «multi-alineamiento», buscando socios en todas direcciones (EE. UU., UE, Francia, India y China) sin sustituir una alianza por otra, sino ampliando sus opciones para sobrevivir en un entorno hostil. Un hito clave fue el acuerdo firmado el 8 de agosto de 2025 entre Armenia y Azerbaiyán, impulsado por el presidente Trump, donde ambos países se comprometen a no usar la fuerza y a reconocer su soberanía e integridad territorial. Trump lo vendió como una acuerdo de paz histórico. Ese mismo acuerdo incluye la creación del llamado «Trump Route for International Peace and Prosperity» (TRIPP), un corredor que atravesaría el sur de Armenia para conectar Azerbaiyán con su exclave de Najicheván y con Turquía, una carretera que, a diferencia de los oleoductos y ferrocarriles mencionados antes, no pasa por Georgia. Lejos de resolver tensiones, esta nueva ruta amenaza con convertirse en un foco de conflicto en el futuro, ya Irán ha advertido que la bloqueará por considerarla una injerencia extranjera en su frontera en el norte con Armenia.
Su acercamiento a Europa, y en particular a Francia, donde reside la mayor diáspora armenia de Europa, con más de 650.000 personas de origen armenio, también está dando sus frutos. Además, tras una reunión celebrada hace dos meses entre el primer ministro polaco, Donald Tusk, y su homólogo armenio, Nikol Pashinyan, el líder polaco declaró que las «aspiraciones europeas de Ereván son absolutamente justificadas», respaldando así el deseo de Armenia de ‘’unirse’’ a la Unión Europea. Una eventual adhesión a la UE supondría un logro histórico para el país.
En política internacional, «pequeño» suele implicar «débil». En el mundo académico utilizan este término para describir a estados con poblaciones, fuerzas armadas o economías limitadas. Sin embargo, los estados pequeños poseen algo de lo que carecen las grandes potencias: agilidad. Y con agilidad, Armenia y Georgia intentan moverse. Ahora, con un evento de talla mundial de la FIFA, aunque sea un campeonato Sub-20, los dos países tendrán una plataforma mas para situarse en el mapa mundial y usar el famoso instrumento del «poder blando».
La geografía siempre hará vulnerables a estos dos países, ubicados en zona muy volátil, pero a través de una diplomacia ágil intentan buscar su estabilidad y encontrar una vía para superar los conflictos regionales internos. Así, el fútbol no es solo deporte, también es política (mejor dicho que nunca con exfutbolista como presidente en Georgia). Para parafrasear un viejo dicho de la región: ‘’el Cáucaso es como un banquete; o estás en la lista de invitados o estás en el menú. Es fácil caer de la lista de invitados, pero es difícil salir del menú’’. Armenia y Georgia buscan la manera de no acabar nunca en el menú…de los grandes potenciales mundiales.