Aguante Argentina
Un minuto, quizás dos. Un paso en falso te deja fuera. Es el Mundial, la competición donde un instante cambia la historia; en el recuerdo, vencedores y vencidos, aunque la épica, la emoción y la sonrisa elevan el mérito de aquellos que salieron victoriosos dejando el defecto, la crítica y la renuncia a los castigados por la mal llamada suerte de los campeones. Neymar primero, Messi después. La semifinal, el clásico más anhelado, a un minuto, quizás dos. No será Brasil.
Él. Él y diez más. Messi como Neymar. Pese al gol, tuya-mía estelar de Ney, fue más Messi que Neymar. Argentina y Brasil; enemigos íntimos, juntos de la mano en la crueldad y la magia del fútbol. Cruz para Brasil, cara para Argentina. La diferencia, Leo Messi. Fue capitán por el fútbol, no por el brazalete. Ni una mirada baja, más en defensa de lo habitual, y la ambición de querer el balón siempre y en todo lugar. Fue el ‘10’ soñado, las inició todas y consiguió sostener a los suyos sabedor que los argentinos no saben ganar sin grito y bronca hasta el final.
El giro de Van Gaal
Pionero y patrón de un Ajax de fantasía. Ahora, en su último baile, fue verse fuera y revolverse como un fuera de serie. Doble tanqueta, balón arriba y el fútbol de toque al cajón del olvido. La importancia de saber elegir y apostar por lo que pide cada momento. Erudito del fútbol, honesto y trabajador. Los entrenadores no son más, ni menos, que lo que son sus equipos. La naranja mecánica no dio para más. Siempre positivo, ese es Van Gaal.
La mano del Dibu
Fue como Goicoechea, héroe y ganador; en primer lugar, el Pato Fillol con tres mundiales bajo los palos. Emiliano Martínez, el Dibu, demostró que los penaltis se entrenan. La tendencia es que la impulsión con un pie atrás es fundamental. Sin esa fuerza, sin ese empuje no hay manera de atajar uno si el lanzador no falla. El Dibu- como Bono y Livakovic-, fue pierna atrás, arrancada brutal y estirada final para celebrar. Ya es para siempre. Más si la albiceleste consiguen el oro mundial. Ágil, rápido y calmado en el momento más tenso. Qué arquero.
Corremos todos
Ese fue el titular que regaló Messi en la celebración final. Sin decir, lo dice todo. Asistencia y gol de penal. Otro más en la tanda para euforia local. No es el de antes, no tiene el látigo para quebrar la ley marcial cuando hacia lo que quería cuando y donde le daba la gana. Ahora es otro. Superó la frustración, el mal momento, presionando como uno más. Líder de la resistencia; en la prórroga, salieron del error y volvieron a jugar. Ahora, sí. ¡Carajo!
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