BMW M3 y M4, la pareja más brutal llega de la mano de G-Power

Un servidor tiene debilidad especial por los deportivos de BMW. Ya lo reconocí cuando escribí la prueba del 435i Gran Coupé hace unos días. Por lo tanto, hablar de vehículos como los de hoy no hace otra cosa que producir en mí una intensa sensación de envidia con quien pueda comprárselos. Me refiero a los BMW M3 y M4 actuales, que gracias al preparador G-Power llegan a unas cotas de deportividad y radicalidad desconocidas hasta ahora.

Bajo el nombre de Bi-Tronik 2 V3-ECU se esconden una serie de cambios mecánicos -iguales a los que el preparador ofrece ya con el M4 Cabrio- que afectan a la admisión, el doble turbocompresor, el sistema de escapes y la centralita electrónica del motor original de ambos deportivos alemanes. Éste se mantiene con sus seis cilindros y sus 3 litros, pero la potencia aumenta considerablemente. De los 431 CV que conocemos pasamos a tener nada más y nada menos que 600. Y todo ello sin olvidar una cifra de par máximo que se dispara hasta los 740 Nm.

Como podrás comprobar en las imágenes que acompañan a este texto, la transformación de G-Power no se limita solamente al apartado mecánico. También contamos con un notable cambio de imagen para los BMW M3 y M4. Se añade un nuevo kit aerodinámico que consta de splitter delantero, alerón trasero y nuevo difusor de aire en la zaga. Todas las piezas están fabricadas en fibra de carbono.

Otro de los elementos que nos trae esta preparación son las llantas. Hablamos de unas nuevas Hurricane RR de aleación ligera de 21 pulgadas. Además, su espectacular diseño viene aderezado por una decoración en color negro que no hace sino aumentar la agresividad del conjunto.

¿Y el precio? Como todos los caprichos de este mundo, la preparación que ofrece G-Power no es precisamente barata. A los más de 85.000 euros que cuestan ambos coches -86.500 el M3 y 88.700 el M4 Coupé- hay que añadir algo más de 22.000 por todos los cambios que se proponen. No es poco dinero, pero tiene la pinta de que la inversión merece la pena. Y mucho.