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Suena a broma, pero la ciencia lo respalda: científicos japoneses descubren por qué los gatos caen siempre de pie

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Aunque parezca un mito, la habilidad de los gatos para caer de pie tiene por detrás una base física compleja. Un equipo de científicos japoneses de la Universidad de Yamaguchi ha desentrañado por fin el mecanismo biológico tras el «problema del gato que cae», un enigma que traía de cabeza a los expertos desde el siglo XVIII.

La clave de esta caída no está solo en la agilidad, sino en la estructura ósea específica del animal, la cual le permite hacer movimientos casi imposibles para otros mamíferos. Según lo publicado en el estudio compartido en la revista The Anatomical Record, la clave de que «los gatos caigan de pie» reside en cómo la columna vertebral gestiona la torsión durante el descenso.

Científicos japoneses explican por qué los gatos caen de pie

La respuesta se encuentra en la flexibilidad asimétrica de la espalda del animal. Los investigadores japoneses descubrieron que la región torácica (la parte superior y media) es tres veces más elástica que la zona lumbar. Esta diferencia permite que el gato divida su cuerpo en dos segmentos que funcionan de forma independiente durante la caída.

Al no existir un punto de apoyo en el aire, el animal utiliza una zona neutra de rotación en sus vértebras torácicas, que alcanza los 47 grados sin resistencia. Esto permite que la mitad delantera gire casi sin esfuerzo mientras la parte trasera, la cual es mucho más rígida, actúa como un ancla o estabilizador natural.

De este modo, el gato cumple las leyes de la física al rotar sus partes en direcciones opuestas para reorientarse sin violar el principio de conservación del momento angular.

Anatomía y fases del giro del gato en plena caída

Para llegar a estas conclusiones, el equipo liderado por el fisiólogo veterano Yasuo Higurashi analizó restos óseos y empleó cámaras de alta velocidad con ejemplares vivos. Los datos, de los que se hace eco DW, confirman que el proceso ocurre por etapas cronometradas al milisegundo. En lugar de un giro uniforme, el gato ejecuta una reorientación segmentada que empieza siempre por la cabeza y los hombros.

Fases de la caída de un gato

Esta investigación también detectó curiosidades sobre la lateralidad felina. Durante las pruebas controladas, los gatos mostraron una clara tendencia a girar hacia la derecha, lo que sugiere la existencia de asimetrías internas o una suerte de «diestrismo» en el sistema vestibular del animal.

Sin embargo, para el físico Greg Gbur el debate sobre este fenómeno sigue abierto, ya que considera que las secuencias actuales en dos dimensiones limitan la comprensión total del giro. Según menciona en su blog, la comunidad científica reclama ahora el uso de modelos en 3D captados desde múltiples ángulos para perfeccionar las observaciones que iniciaron hace más de un siglo.

Por ahora, los hallazgos de la Universidad de Yamaguchi dejan claro que los gatos, además de ser los dueños de la casa, lo son también de la física. Su cuerpo perfecto les permite aprovechar estas leyes naturales para reorientarse con una precisión milimétrica antes de tocar el suelo.