Los gatos saben manipular nuestra mente y los veterinarios coinciden: «Para resultar irresistibles»

Los gatos siempre se han considerado animales ariscos e independientes, pero la ciencia ha demostrado que pueden crear vínculos afectivos muy sólidos con sus dueños. Ahora, ésta ha ido un paso más allá, revelando que los gatos son capaces de manipular nuestra mente para ser irresistibles. «Cualquier persona que conviva con un gato ha experimentado esa extraña indulgencia que lleva a perdonar el sofá arañado o un jarrón roto con solo una mirada de su mascota», afirma el veterinario Carlos Gutiérrez.
El bienestar que genera la proximidad de un gato tiene una base bien documentada. La mera presencia de estos animales aumenta la oxitocina, conocida como la «hormona de la felicidad». Esta sustancia desempeña un papel clave en la creación de lazos emocionales, despertando en las personas una fuerte tendencia al cuidado, la ternura y la protección hacia el animal.
¿Por qué los gatos manipulan nuestra mente?
«Oxitocina y cortisol: tu gato es un cóctel emocional. Nuestros gatos consiguen que en el cerebro se active una auténtica «fiesta» de hormonas y sustancias que nos hacen sentir muy bien a su lado. Se ha observado que estar cerca de ellos puede estimular la liberación de oxitocina, la conocida hormona del amor, el apego y el vínculo emocional. Esta sustancia está relacionada con el deseo de cuidar, proteger y conectar con otros seres vivos, lo que explica por qué sentimos tanta ternura hacia ellos», comienza explicando.
Y continúa: «Pero no todo es calma absoluta. También se ha visto que la presencia de los gatos puede aumentar ligeramente el cortisol, la hormona del estrés. Sin embargo, este aumento no se interpreta como algo negativo, sino como un tipo de activación suave que nos mantiene más atentos, más pendientes de lo que el gato necesita, como si el cuerpo se pusiera en «modo cuidado». Este equilibrio entre oxitocina y cortisol crea una especie de cóctel emocional que refuerza el vínculo y hace que queramos estar cerca de ellos constantemente».
Refuerzo intermitente
«Uno de los factores más potentes del enganche que provocan los gatos radica en su comportamiento, concretamente en un concepto psicológico denominado refuerzo intermitente», explica el veterinario.
A diferencia de otros animales domésticos, como los perros, los gatos se caracterizan por su carácter impredecible; no siempre responden cuando se les llama ni muestran afecto cuando sus dueños se lo piden. Pues bien, esta intermitencia es precisamente la clave del deseo. Cuando un gato finalmente decide acercarse, ronronear o buscar el contacto físico, el cerebro humano interpreta esa muestra de cariño como una recompensa inesperada, comparable a la sensación de un premio que llega sin avisar.
Esta dinámica provoca una liberación de dopamina, el neurotransmisor asociado al placer, la recompensa y la motivación. A este mecanismo se suma la activación del conocido como «cerebro parental», desencadenado por la propia morfología del felino. Los gatos presentan rasgos característicos como ojos relativamente grandes, caras redondeadas y una estructura facial «infantilizada», lo que activa en el ser humano respuestas instintivas de cuidado y protección.
Maullidos y afecto
Uno de los estudios más citados sobre este tema proviene de la Cornell University, donde el investigador Nicholas Nicastro analizó cómo los gatos utilizan diferentes tipos de maullidos en función del contexto y de la persona a la que se dirigen. Sus conclusiones señalan que los gatos han desarrollado el maullido para interactuar con los humanos y, en cierta manera, manipular su mente.
Un estudio más reciente de la Universidad de Viena sugiere que pueden existir diferencias en la forma en que los gatos interactúan con hombres y mujeres. Según los investigadores, los gatos buscan con mayor frecuencia contacto emocional y conductas de cercanía afectiva en mujeres, mientras que en el caso de los hombres recurrens a comportamientos instrumentales, orientados a conseguir recursos como comida o acceso a determinados espacios.
Los autores plantean que estas diferencias podrían explicarse por una combinación de factores, como el tono de voz, el lenguaje corporal, la constancia en las rutinas y la forma en que cada persona responde a las demandas del animal.
«Un estudio donde se evaluaron los sonidos que emitían los animales evidenció que las mujeres, cuando escuchaban los maullidos del gato, sentían la necesidad de ayudarlo o incluso se angustiaban. Esa situación, desde la visión psicológica, se explica porque el maullido del gato tiene semejanza con el llanto del bebé. Ellos lo modulan para que sea así y, como las mujeres tenemos el umbral más bajo para reaccionar a este sonido debido a la parte evolutiva de ser madre, buscamos la forma de ayudarlos», explicó la Dra. Claudia Edwards Patiño, profesora de Bioética y Zootecnia en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, según UNAM Global.
Y concluye: «Durante mucho tiempo hemos creído que los gatos son seres traicioneros y convenencieros, pero lo cierto es que son muy sociales, pero lograr un lazo con ellos lleva tiempo».