Suena cruel pero la ciencia lo avala: Madrid retira más de 4.000 animales de especies invasoras que alteran el entorno local
Retirados más de 4.000 animales de parques, lagos y zonas forestales de Madrid
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Puede parecer una medida drástica, para muchos pero lo cierto es que detrás no hay improvisación, sino un problema ambiental muy real. Las especies exóticas invasoras se han convertido en uno de los mayores desafíos para la biodiversidad en Europa, y Madrid no es una excepción.
En 2025, la Patrulla Fauna y los técnicos de medio ambiente de la Comunidad de Madrid retiraron 4.012 ejemplares de especies invasoras del medio natural. La cifra no es menor, ya que son animales que estaban ya asentados en ríos, lagos, parques urbanos o zonas forestales y que, según los especialistas, alteran el equilibrio de los ecosistemas locales y tampoco es algo casual, ya que detrás suele haber comercio internacional, la moda por tener mascotas exóticas y, en muchos casos, abandonos o liberaciones deliberadas. De este modo, lo que empieza como un capricho acaba convirtiéndose en un problema ambiental que cuesta años y recursos controlar.
Madrid retira más de 4.000 animales de especies invasoras
Las especies invasoras no sólo compiten con la fauna autóctona. Pueden transmitir enfermedades, desplazar a especies vulnerables, alterar cadenas tróficas e incluso generar pérdidas económicas si afectan a cultivos o especies comerciales. La globalización y el aumento del comercio han facilitado su llegada y muchas se adaptan con sorprendente rapidez.
El Gobierno regional reconoce que el incremento de estos animales se ha detectado tanto en entornos acuáticos como terrestres. Por eso se mantienen dispositivos de control específicos. El objetivo, según los responsables autonómicos, es preservar la biodiversidad regional y reducir el impacto ambiental, sanitario y económico. En términos prácticos, esto significa intervenir cuando una población empieza a consolidarse.
El galápago de Florida, el caso más visible
Uno de los animales más retirados el año pasado fue el galápago americano o de Florida (Trachemys scripta elegans). En total, 253 ejemplares fueron extraídos del medio natural. Durante los años 90 fue una mascota muy popular ya que es pequeña, aparentemente fácil de cuidar, pero el problema llegó cuando crecieron. Muchos propietarios optaron por soltarlas en estanques urbanos, ríos o lagunas. De hecho, en espacios como la Casa de Campo o el Parque del Retiro su presencia es habitual, pero el problema no es sólo que estén ahí sino que compiten directamente con el galápago europeo (Emys orbicularis), que es una especie autóctona. Y cuando dos especies ocupan el mismo espacio y buscan los mismos recursos, la más adaptable suele imponerse.
Cotorras, mapaches y otras sorpresas urbanas
El caso del galápago no es el único, sino que el año pasado se retiraron también 118 cotorras argentinas (Myiopsitta monachus), que llegaron vinculadas al comercio de aves exóticas y, tras escapes o liberaciones, comenzaron a reproducirse. Compiten por alimento y espacio con aves locales y sus grandes nidos pueden generar problemas estructurales en árboles y edificios.
También se actuó sobre 84 mapaches (Procyon lotor), un mamífero originario de Norteamérica. Su presencia preocupa especialmente porque depreda huevos de aves, anfibios y pequeños vertebrados. Es oportunista, adaptable y difícil de controlar una vez se establece. El listado incluye además 61 gansos egipcios o del Nilo (Alopochen aegyptiaca), muchos procedentes de colecciones ornamentales o escapes de parques.
Peces que alteran ríos y lagunas
En el medio acuático, el volumen de retiradas ha sido especialmente elevado. Se extrajeron 1.773 ejemplares de parva, 1.208 alburnos, 418 percas sol y 105 carpas. Puede parecer un dato técnico, pero tiene consecuencias claras dado que estas especies alteran el equilibrio de los ecosistemas acuáticos, compiten con peces autóctonos y modifican la calidad del agua. Cuando una especie invasora domina un tramo de río, revertir la situación no es sencillo.
A eso se suman 41 galápagos de vientre rojo, 15 tortugas chinas tres crestas y otras especies como la tortuga china de cuello rayado, el galápago jeroglífico o el cangrejo chino.
Casos especialmente sensibles
Entre los mamíferos, aunque en menor número, está la retirada de seis visones americanos (Neovison vison) que es especialmente relevante, si bien esta especie compite con el visón europeo (Mustela lutreola), que se encuentra en peligro crítico de extinción. También se han intervenido seis cerdos vietnamitas, cuyo cruce con jabalíes puede generar problemas adicionales en el medio natural. Y no faltan especies como la culebra del maíz, la pitón real o el erizo pigmeo africano, todos vinculados en algún momento al comercio de animales exóticos.
De mascota a problema ambiental
Muchos de estos animales comparten un mismo origen ya que se compraron como mascotas. Pero cuando dejan de ser manejables o su mantenimiento se complica, algunos propietarios optan por liberarlos. Una decisión que está prohibida y que puede conllevar sanciones. Una vez retirados, los ejemplares son trasladados al Centro de Recuperación de Animales Silvestres Félix Rodríguez de la Fuente, en Tres Cantos. Allí reciben atención veterinaria y se evalúa su destino.
Puede sonar contundente hablar de retirada masiva de animales. Pero los expertos insisten en que el coste de no actuar es mayor. Si las poblaciones invasoras se consolidan sin control, el impacto sobre la fauna y flora autóctonas puede ser irreversible. En ese contexto, las más de 4.000 retiradas realizadas en 2025 no responden a una política punitiva, sino a una estrategia de conservación y un intento por frenar un problema que, lejos de desaparecer, sigue creciendo año tras año.