Álex D.: «El negocio de la sauna Adán daba mucho lucro y movía dinero negro»
El modelo de negocio era similar al de cualquier club de alterne, pero adaptado a la prostitución masculina
La sauna Adán no era solo un centro de prostitución masculina: funcionaba como una lucrativa máquina de dinero negro en pleno corazón de Madrid. Álex D. [nombre ficticio], quien conoció de cerca el funcionamiento del local propiedad del suegro de Pedro Sánchez, desvela los entresijos económicos de un negocio que operaba al margen del sistema fiscal.
«Estoy seguro de que eso ha dado mucho lucro, y desde luego mucho lucro en dinero negro», afirma categóricamente Álex al referirse a los beneficios que generaba el establecimiento. El modelo de negocio era similar al de cualquier club de alterne, pero adaptado a la prostitución masculina.
Los trabajadores sexuales, principalmente brasileños y colombianos sin documentación legal, debían pagar una parte de sus ganancias directamente a la casa. «Funcionaba como un club de alterne heterosexual al uso. Era obligatorio pagar, aparte de pagar la cabina donde tenías que ir para hacer lo que fuese», explica Álex. Este sistema de doble cobro –comisión sobre los servicios más el alquiler de las habitaciones– garantizaba un flujo constante de ingresos.
Pero la prostitución no era la única fuente de beneficios. La venta de drogas constituía otro pilar fundamental del negocio. «Cuando la gente quería pillar droga en Chueca decían ‘vamos a Adán que ahí siempre hay’», recuerda.
El control económico se extendía incluso a los vestuarios. Durante su última visita hace cinco años, Álex descubrió cámaras ocultas instaladas ilegalmente en la sauna Adán que, según sugiere su testimonio, podrían haber servido para vigilar y robar a los clientes. Cuando le sustrajeron dinero de su taquilla cerrada, la amenaza de llamar a la Policía bastó para que se lo devolvieran inmediatamente, evidenciando la consciencia de los responsables sobre la ilegalidad de sus prácticas.
La clientela del local incluía políticos, empresarios y artistas dispuestos a pagar por servicios discretos. El horario amplio –casi 24 horas– y la ubicación estratégica cerca de Chueca garantizaban un flujo constante de clientes. Las tarifas de entrada oscilaban entre 12 y 20 euros, a lo que se sumaban los costos de los servicios y las habitaciones.
Este modelo de negocio no era exclusivo de la sauna Adán. Álex menciona una red de locales similares en Madrid, algunos controlados por los mismos propietarios, que operaban bajo esquemas económicos parecidos. La última vez que visitó el local, notó que «lo gestionaban rumanos».
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