REPORTAJE

La pareja que convirtió un camión en una mazmorra: seis años de palizas y abusos sexuales a cuatro niños

Dormían los cuatro apretados en una sola litera, orinaban en vasos y defecaban en bolsas

La pareja que convirtió un camión en una mazmorra: seis años de palizas y abusos sexuales a cuatro niños
Tamra Marshon Stewart y Keysha Monique Epps.
  • Carlos Esteban
  • Columnista de Internacional. Quince años en el diario líder de información económica Expansión, entonces del Grupo Recoletos, luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico Alba, escribió opinión en Época, en La Gaceta y ahora como freelance en OKDIARIO.

Durante más de seis años, una mazmorra recorrió las carreteras de Estados Unidos. Iba de Atlanta a Miami y volvía. Entraba y salía de Florida, pasaba por Orlando, repostaba en gasolineras y se detenía en áreas de servicio. Miles de conductores debieron cruzarse con ella. Otros la verían aparcada. Desde fuera era un camión como tantos miles de los que recorren día y noche las interminables autopistas norteamericanas.

Dentro vivían cuatro niños. Dos niños y dos niñas pasaron buena parte de su infancia confinados en la cabina dormitorio de un camión conducido por Keysha Monique Epps, de 51 años. Con ellos vivía también el prometido de Epps, Tamra Marshon Stewart, un hombre de 37 años. Según la Fiscalía de Florida, entre enero de 2020 y abril de 2026 aquella pequeña cabina fue su casa, su escuela, su retrete y, durante años, escenario de palizas y abusos sexuales.

Epps trabajaba como camionera comercial y realizaba habitualmente rutas entre Atlanta y Miami, con paradas en distintos puntos de Florida, entre ellos Orlando. Durante años, la carretera constituyó prácticamente todo el mundo de los cuatro menores.

El fiscal general de Florida, James Uthmeier, la ha calificado de «mazmorra sobre ruedas». Los cuatro niños dormían juntos en una única litera superior. No podían estirarse. Según los documentos de la investigación, tenían que acostarse uno junto a otro, encogidos para conseguir que los cuatro cuerpos cupieran en el pequeño espacio. Casi nunca les dejaba salir, ni para ir al baño; cuando necesitaban orinar utilizaban vasos. Para defecar, bolsas de papel o de supermercado.

«Los dejaban encerrados en esta mazmorra sobre ruedas», contó Uthmeier. «Estaban desnutridos. No recibían comida regularmente. No los limpiaban. No podían ducharse». Tampoco iban al colegio desde noviembre de 2020. Epps aseguró que recibían enseñanza mediante una aplicación y cumplían los objetivos educativos de Georgia. Los menores dijeron que ni siquiera realizaban regularmente esos supuestos estudios.

Naturalmente, nada de médicos, por mal que se pusieran los niños. Uno de ellos sufrió graves quemaduras al derramarse encima unos fideos calientes. La herida sangró abundantemente. Según el relato de la víctima, Epps se limitó a vendarla y cambiar posteriormente el vendaje. Nunca acudió a un hospital. Otro menor sufrió también quemaduras sin recibir tratamiento. Las lesiones dejaron cicatrices permanentes. Cuando finalmente intervino un equipo de protección infantil apareció algo todavía peor: uno de los menores padecía una infección de transmisión sexual que llevaba tiempo sin tratar.

Y luego estaba el horror en estado puro: las dos niñas acusaron a Stewart de abusar sexualmente de ellas repetidamente. Sus dos hermanos dijeron haber presenciado algunos de los ataques. Intentaron intervenir. Según declararon a la policía, Stewart respondió golpeándoles repetidamente en la cabeza. Intentaron entonces contárselo a Epps, quien, según el atestado, «no les creyó», llamó a una de las víctimas con nombres despectivos, culpó a los propios niños de la conducta de su prometido y siguió dejándolos solos con el depredador.

Stewart se ocupaba de los cuatro mientras Epps conducía, dormía o se duchaba. Stewart ha admitido tres agresiones sexuales contra una de las niñas, según la Fiscalía. Una de ellas habría tenido lugar en Orlando.
El confinamiento dejó además una huella que podía verse incluso cuando los niños consiguieron finalmente salir de aquella cabina. Los primeros relatos del caso describieron una forma anormal de caminar, atribuida al tiempo pasado sin espacio suficiente para moverse y hacer ejercicio.

Lo intrigante del caso es cómo ha podido durar seis años. No estamos hablando de un sótano o una cabaña perdida en el bosque: la sala de torturas circulaba cada día por carreteras públicas, entraba en ciudades, se detenía en gasolineras y áreas de descanso y compartía espacio con miles de personas. «¿Cómo es posible que durante seis años nadie detectara que estos niños estaban enjaulados en un camión?», se preguntó públicamente Uthmeier.

El hilo que permitió desenmascarar toda esta truculenta historia se reveló el 23 de julio, cuando un detective de Jacksonville se puso en contacto con el Departamento de Policía de Florida por un caso de agresión sexual a menores que afectaba a varias jurisdicciones. El hombre al que investigaban era Stewart.

La pista condujo a los agentes hasta las instalaciones de Forward Air en Pecan Park Road, Jacksonville, donde encontraron el camión. A partir de ese momento empezaron a aparecer los cuatro niños, la litera, las quemaduras, la falta de escolarización, los años sin médicos, los relatos de abusos sexuales y las condiciones en las que habían vivido desde finales de 2019.

Epps y Stewart fueron detenidos el 6 de agosto. La empresa para la que conducía Epps, Forward Air, se apresuró a marcar distancias cuando el caso se hizo público. Precisó que Epps no era empleada de la compañía, sino «subcontratista independiente», anunció su retirada inmediata del servicio.
La investigación policial ya había causado estupor en los medios locales en agosto. La comparecencia de Uthmeier este martes convirtió la historia en noticia nacional. «Este es uno de los casos más horribles, si no el más horrible, en el que mi equipo ha tenido que trabajar», dijo Uthmeier.

Entre ambos acusados suman 22 cargos. Stewart está formalmente acusado de diez, entre ellos dos cargos de agresión sexual cometida por una persona con autoridad familiar o de custodia, dos de actos lascivos contra menores de doce años, dos de agresión a menores y cuatro delitos relacionados con negligencia infantil, dos de ellos por lesiones que provocaron desfiguración permanente. Epps afronta otros doce, incluidos delitos de negligencia y cuatro acusaciones por no denunciar los abusos. La investigación sigue abierta y las acusaciones pueden ampliarse y, al tratarse de Florida, ambos acusados se enfrentan a la pena de muerte.

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