Nicolás Maduro cree que «los puntos cardinales son cinco»
Nicolás Maduro era conductor de autobuses. Debido a su corpulencia y a su militancia inquebrantable en los grupos más radicales del chavismo, entró a trabajar de guardaespaldas de Hugo Chávez, el dictador ya fallecido. Algo tendrá el actual tirano de Venezuela para que el inventor del más que fracasado «socialismo del siglo XXI» lo eligiera pasados los años como sucesor. Algo que no es, precisamente, la cultura general. Para Maduro, «los puntos cardinales son cinco».
En Venezuela, como en el resto del planeta, no existe más que el Norte, el Sur, el Este y el Oeste… salvo que, su enajenación contra la realidad, Maduro haya inventado otro punto cardinal.
Cada semana, Nicolás Maduro se dirige a su pueblo y lo alecciona en televisión, con todas las emisoras en cadena, emitiendo su programa ‘En directo con Maduro’. Allí suelta sus soflamas, promete cosas, insulta a mandatarios internacionales, y asegura que los 65 asesinados durante los más de dos meses de movilizaciones reclamando libertad eran «terroristas», por ejemplo.
Pero en esta ocasión, ataviado con una camisa azul, su poblado bigote y su tupé, sentado tras una mesa sobre la que hay más papeles que los que él parece haber leído en los años que lleva en el poder, Maduro quería dejar claro que todo el país está con él: «Aragua, Miranda, Barinas, Táchira, Bolívar… todo el país de punto a punto. Los cinco puntos cardinales», explica el dictador.
En ese momento el realizador enfoca a uno de sus colaboradores, que tuerce el gesto. La imagen vuelve rápidamente al tirano, que hace una mueca, pues le están avisando de su brutal error. Duda, mira a un lado y a otro, y finalmente, no es que se corrija, es que no lo sabe: «¿No son cinco?», pregunta azorado el heredero de Chávez.
El vídeo termina ahí, pues las redes sociales no han querido hacer más sangre de un mandatario inculto y tiránico, peleado con la realidad de un pueblo que no lo soporta más. Una ciudadanía que sale cada día a la calles por cientos de miles a exigirle que se vaya, que libere a los más de 150 presos políticos que recluye en sus prisiones, que permita la entrada de ayuda humanitaria, porque los niños (y los mayores) mueren de hambre y por falta de medicinas, que convoque elecciones cuanto antes y que reconozca la soberanía nacional del Parlamento.
Al contrario, Maduro demuestra su incapacidad para regir los destinos del país más rico en reservas de petróleo en el mundo, un país al que ha arruinado y que hoy tiene una inflación del 700%. Un país que se niega a aceptar lo que el dictador les impone y que se niega a morir sin luchar por salir adelante.
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