Bruselas reactiva el Ejército europeo ante el pulso de EEUU por Groenlandia: necesita 100.000 soldados
La creación de un Ejército de la UE obligaría a los Estados miembros a ceder competencias clave en defensa, mando y uso de la fuerza
Este pasado domingo 11 de enero, Bruselas ha reactivado el Ejército europeo ante el pulso de EEUU por Groenlandia en una conferencia sobre seguridad en Suecia: la Unión Europea necesita 100.000 soldados contra la dependencia de Washington. En pleno aumento de las tensiones entre Bruselas y Washington a cuenta de Groenlandia, la Unión Europea ha vuelto a rescatar de la creación de un Ejército europeo. El debate ha cobrado nuevo impulso tras las declaraciones del comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, quien ha defendido que el bloque necesitaría una fuerza común de unos 100.000 efectivos para afrontar de manera unitaria los retos de seguridad globales. El desafío se mantiene: ¿cederán los países miembros la soberanía de sus soldados y a quién tienen que obedecer los mismos? ¿Cómo quedaría la OTAN? ¿Participaría Reino Unido?
La creación de una fuerza común obligaría a los Estados miembros a ceder competencias clave en defensa, mando y uso de la fuerza. El debate sobre el Ejército europeo reabre así la cuestión de hasta dónde están dispuestos a renunciar los Estados a su soberanía nacional. Un Ejército de la UE exigiría cambios legales, políticos y presupuestarios de gran calado.
Principal desafío: la soberanía
Un Ejército de la UE implicaría necesariamente una cesión de soberanía, aunque el alcance de esa cesión dependería del modelo que finalmente se adoptase.
¿Por qué habría cesión de soberanía?
La defensa nacional es uno de los núcleos duros de la soberanía del Estado. Actualmente, según los Tratados de la UE:
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Cada país decide en exclusiva sobre:
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Sus Fuerzas Armadas.
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El uso de la fuerza.
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El envío de tropas al exterior.
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Su presupuesto de defensa. Un Ejército europeo real —no mera cooperación— exigiría transferir parte de esas competencias a una autoridad supranacional.
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¿Qué soberanía habría que ceder?
Mando y control. Un Ejército común requiere:
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Una cadena de mando única.
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Un mando político-militar europeo con capacidad de dar órdenes operativas.
Eso implica que los Estados ya no tendrían control exclusivo sobre sus tropas una vez integradas.
Decisión sobre el uso de la fuerza. En la actualidad, cada país decide si:
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Entra o no en guerra.
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Participa o no en una misión internacional.
Con un Ejército de la UE
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La decisión podría tomarse a nivel europeo.
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Un Estado podría verse implicado en operaciones que no hubiera aprobado individualmente. Éste es uno de los puntos más sensibles.
El pulso por Groenlandia reaviva el debate
El órdago lanzado por Estados Unidos sobre Groenlandia —la isla más grande del mundo y enclave estratégico clave en el Ártico— ha servido para impulsar el debate que parecía dormido. Para Kubilius, el episodio pone de relieve la fragilidad de una Europa excesivamente dependiente de decisiones externas en materia de seguridad y defensa.
En ese contexto, el comisario recurrió a una comparación directa con el modelo federal estadounidense para justificar su planteamiento: «¿Serían los Estados Unidos más fuertes militarmente si tuvieran 50 ejércitos estatales en lugar de un único ejército federal?», se preguntó. Y fue más allá al trasladar la analogía a la situación europea: «Cincuenta políticas y presupuestos de defensa estatales en lugar de una única política y un único presupuesto federales?», insistió, en referencia a la fragmentación actual de la UE.
Una idea antigua, un contexto nuevo
La propuesta de un Ejército europeo de unos 100.000 efectivos no es nueva. Ya fue planteada hace más de una década por varios líderes europeos, entre ellos el presidente francés, Emmanuel Macron, y la entonces canciller alemana, Angela Merkel. Sin embargo, hasta ahora siempre había chocado con reticencias políticas, diferencias estratégicas entre Estados miembros y el temor a duplicar estructuras ya existentes dentro de la OTAN.
Kubilius considera que ha llegado el momento de dar un paso más. “Tenemos que empezar a invertir nuestro dinero de tal manera que podamos luchar como Europa, y no solo como una colección de 27 ejércitos nacionales”, afirmó, reclamando abiertamente “un cambio radical” en la política de defensa de la Unión.
Cooperación antes que ejército común
Pese al tono ambicioso del discurso, en Bruselas prevalece por ahora una visión más pragmática. La prioridad inmediata no es la creación de un ejército federal europeo, sino el refuerzo de la cooperación entre las fuerzas armadas nacionales. En esa línea se inscriben iniciativas como el llamado «Schengen militar», diseñado para facilitar la movilidad transfronteriza de tropas y material tanto en tiempos de paz como en escenarios de conflicto.
La premisa sigue siendo la de «trabajar mejor y trabajar más unidos», una consigna acuñada, entre otros, por Josep Borrell durante su etapa como Alto Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad. Un enfoque gradual que busca evitar fracturas internas mientras se avanza hacia una mayor integración defensiva.
Choques internos en la OTAN
El resurgir del debate sobre un Ejército europeo también vuelve a poner en evidencia las tensiones de la OTAN. Mientras países como Francia defienden que una mayor autonomía estratégica europea reforzaría la Alianza Atlántica, otros Estados miembros, especialmente en el flanco oriental, temen que este tipo de iniciativas debiliten el vínculo con Estados Unidos.
Para estas capitales, el paraguas de seguridad estadounidense sigue siendo irrenunciable frente a amenazas como Rusia, y cualquier movimiento que pueda interpretarse como una alternativa a la OTAN genera recelos. Bruselas, consciente de estas divisiones, trata de mantener un delicado equilibrio entre reforzar capacidades propias y no alimentar la percepción de competencia directa con la Alianza.
El papel del Reino Unido
Kubilius subrayó, además, que cualquier arquitectura de seguridad europea eficaz debería contar con el Reino Unido, pese a que ya no forme parte de la UE tras el Brexit. En este sentido, propuso la creación de un Consejo de Seguridad Europeo que incluya a miembros permanentes clave y a otros rotatorios, entre ellos el Estado que ostente la presidencia semestral del Consejo.
Este órgano estaría integrado también por los jefes de Estado y de Gobierno, así como por los presidentes de la Comisión Europea y del Consejo Europeo. Y, según el comisario, no debería limitarse a ser un foro de debate. «También se tienen que tomar decisiones importantes», advirtió, dejando claro que la ambición pasa por dotar a la UE de una verdadera capacidad de acción estratégica.
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