El sangriento asesinato que creó la catedral de Canterbury
En torno a la Iglesia y sus miembros hay historias pasadas muy interesantes. Es el caso de Thomas Becket y la catedral de Canterbury.
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Thomas Becket (1119-1170) era hijo de un comerciante londinense y llegó a convertirse en un sirviente real de alto rango, que disfrutaba de los lujos de la corte del rey Enrique II (1133/1189). Pero Becket adoptó actitudes que desafiaban la autoridad del rey, excomulgando a varios de sus enemigos eclesiásticos, entre otras cosas, por las cuales sería brutalmente asesinado.
Thomas Becket, el mejor amigo de Enrique II
Thomas Becket era una persona compleja y en su juventud fue un joven bullicioso, egoísta y arrogante, sin embargo, se convirtió en uno de los arzobispos más piadosos y devotos del siglo XII.
El mejor amigo de Thomas era Henry, quien más tarde se convertiría en el rey Enrique II de Inglaterra. Juntos, cazaban y jugaban al ajedrez regularmente. Cuando Enrique se convirtió en rey, Becket fue su canciller y ambos trabajaron incansablemente para llevar la ley y el orden a todo el reino.
Los jueces del rey viajaban por todo el país administrando el derecho, exceptuando a los miembros de la iglesia, que tenían sus propios tribunales y sus propias leyes. Sacerdotes que asesinaban o violaban evitaban la justicia alegando “beneficio del clero”, y su derecho a ser juzgados exclusivamente en el tribunal del obispo.
Casi todos estos infractores eran absueltos y el inculpado recibía tan solo una penitencia o, en el peor de los casos, la expulsión del sacerdocio.
El asesinato de Thomas Becket
En mayo del año 1611, murió el arzobispo y Enrique halló la oportunidad de controlar definitivamente a la iglesia, promoviendo a su mejor amigo Thomas al puesto vacante.
Sin embargo, cuando Becket asumió como arzobispo, empezó a demostrar sus verdaderas convicciones. En ese entonces, los partidarios de Enrique cuestionaron la lealtad de Thomas y le acusaron de traidor.
Becket escapó del país, se exilió durante seis años y luego regresó a Canterbury en donde volvió a predicar, y mostrar su temperamento tormentoso cuando excomulgó a algunos de sus compañeros obispos.
Existen testimonios que aseguran que Enrique dijo en voz alta: “¿Nadie me librará de este sacerdote turbulento?” y cuatro de sus caballeros lo tomaron como una orden. El 29 de diciembre, llegaron a la Catedral y le asesinaron brutalmente con un golpe de espada en la cabeza.
Thomas Becket fue inmediatamente aclamado como mártir y canonizado en el año 1173. Su santuario en la Catedral de Canterbury, que se convirtió en el centro de peregrinación más importante de Inglaterra, fue totalmente destruido durante la Reforma de 1540, por orden del rey Enrique VIII.
Hoy en día, el lugar de la muerte de Thomas Becket está marcado con una simple piedra que lleva su nombre.
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