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No todos los caminos llevan a Roma: los expertos en historia antigua coinciden en que las carreteras del Imperio romano no eran tan uniformes ni tan rectas como nos pensábamos

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un estudio publicado en la revista científica Nature Communications en septiembre de 2026 concluyó que las calzadas romanas eran menos rectas y menos uniformes de lo que se suponía. El trabajo analizó casi 300.000 kilómetros de la red viaria del Imperio romano.

En su apogeo, en el año 117 d. C., el Imperio romano abarcaba unos 5,5 millones de kilómetros cuadrados entre Europa, Oriente Medio y el norte de África. Durante más de un siglo, los estudios de historia antigua sobre sus caminos dieron por sentado que los romanos tendían a construir vías rectas y pavimentadas.

Según los autores del artículo, esa idea nunca se había comprobado con datos a escala de todo el imperio. Para hacerlo, el equipo partió de Itiner-e, un modelo digital de las calzadas romanas que había desarrollado antes. Sobre esa base, midió la pendiente, la altitud, la orientación y la rectitud de cada tramo, y comparó los resultados con las carreteras modernas.

Las calzadas del Imperio romano eran menos rectas y uniformes de lo que se pensaba, según los investigadores

Los ingenieros romanos priorizaban los trazados rectos siempre que el terreno lo permitía. Sin embargo, la rectitud cambiaba mucho de una región a otra. El índice de sinuosidad (que mide cuánto se aleja un camino de la línea recta) resultó muy bajo en general, con sus valores mínimos en las llanuras.

Los autores concluyen que, a escala de todo el Imperio, «la suposición habitual de que las calzadas romanas eran uniformemente rectilíneas no es precisa». La imagen de una red de líneas rectas se explica, según el estudio, porque muchas calzadas romanas cruzaban zonas donde el relieve permitía trazar caminos casi rectos.

Mapa de la red de calzadas del Imperio romano, que se extendía por Europa, el norte de África y Oriente Próximo, según el atlas digital Itiner-e. Foto: Itiner-e

«Este estudio demuestra que ni todos los caminos llevan a Roma, ni son todos rectos y no han perdurado todos hasta nuestros días, aunque con algunas excepciones importantes», explicó a la Agencia SINC Tom Brughmans, investigador de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y uno de los autores del artículo.

¿Por qué las calzadas romanas tenían más curvas en las montañas?

Las vías más sinuosas se concentraban en las zonas montañosas y predominaban en el sudeste de Europa. El estudio detectó que las curvas aumentaban a medida que crecía la pendiente máxima del tramo. En las provincias del sur de Europa y de la cuenca mediterránea, un relieve más marcado se asociaba con menos calzadas rectas.

En las montañas, la orientación de las calzadas seguía la dirección de las cordilleras y de los valles, y atravesaba los pasos de montaña. La mayoría de los tramos discurría por llanuras o fondos de valle. En cambio, pocos recorrían laderas o crestas.

Para los caminantes y los animales de carga, subir pendientes pronunciadas exigía recurrir a caminos en zigzag. Por eso, las montañas son el terreno donde más se separan las calzadas romanas de las carreteras actuales en cuanto a curvas. Aun con su capacidad para modificar el paisaje, los ingenieros romanos no podían evitar un mínimo de sinuosidad.

La inclinación también variaba entre cordilleras. Las calzadas de los Alpes tenían una pendiente media de 2,68 grados, menor que la de los Pirineos (3,14 grados) o la del Tauro (3,33 grados). La cordillera Cantábrica registró los valores más altos de la comparación, con una media de 4,98 grados y una máxima media de 11,26 grados.

Según el estudio, la baja pendiente alpina refleja el esfuerzo de Roma por asegurar conexiones terrestres fiables entre Italia y el resto de Europa. Los constructores romanos no se limitaban a aceptar el terreno. Lo transformaban con desmontes, terrazas, muros de contención y, en casos excepcionales, túneles.

Las calzadas principales del Imperio romano, más cerca de las carreteras modernas

Las vías principales presentaban pendientes y una sinuosidad algo menores que las vías secundarias, con valores más próximos a los de las carreteras modernas. No obstante, los autores aclaran que esas diferencias entre ambos tipos de calzadas romanas son leves.

Las carreteras actuales de mayor rango son más rectas que las antiguas, con un índice medio de sinuosidad de 1,024 frente al 1,048 de la red romana. La ingeniería moderna permite trazar corredores de alta velocidad menos condicionados por el relieve, mientras que las vías antiguas se adaptaban con más frecuencia a la topografía del entorno.

Pau de Soto, investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautor del estudio, explicó a la Agencia SINC que «ahora podemos construir carreteras más rectas, sin duda por los avances en ingeniería, que permiten agujerear montañas o construir viaductos de grandes proporciones».

«En época romana, se buscaba la rectitud siempre que fuese posible, pero siempre existía un compromiso entre la realidad geográfica (montañas, pendientes), los conocimientos técnicos de los ingenieros, el dinero y la mano de obra disponible, y finalmente, el interés político en construir las calzadas», añadió De Soto.