¿Cómo se fomentaba hace siglos el consumo de verduras?
Hace siglos, el consumo de algunos tipos de verduras fue motivado por estrategias publicitarias y circunstancias curiosas. ¿Conocías estos datos interesantes?
Expertos en cocina de la historia
¿Cómo se preservaban los alimentos en la antigüedad?
Somos lo que comemos
La alimentación ha ido modificándose siglo tras siglos con el desarrollo de las civilizaciones. En un principio predominaban los cereales integrales que eran complementados, escasamente, por frutas estacionales, verduras, lácteos, legumbres, carne y pescado. A medida que se consolidaba el comercio colonial que siguió a las expediciones europeas hacia América, África y Asia, se introdujeron nuevos alimentos y condimentos exóticos a la dieta del viejo continente.
La patata, el maíz, el boniato, el tomate, las espinacas… son algunos de los alimentos que, entre muchos otros, cambiaron sustancialmente la alimentación europea. Pero, por un motivo u otro, no todos lograron conquistar el paladar de los comensales, incluyendo aquellos que ya formaban parte de la dieta mediterránea, como la zanahoria, por lo que se hizo necesario recurrir a estrategias para que los consumidores los incorporaran en su dieta.
Las patatas y su introducción (poco aceptada) en Europa
Las patatas provienen del continente americano, específicamente de los Andes peruanos. El primer cargamento de patatas a Europa fue enviando al rey Felipe II de España, en 1565, debido a sus propiedades medicinales. Fue entonces cuando el rey decidió enviarle parte de la cosecha al Papa Pío IV, quien se encontraba enfermo.
El Papa compartió un poco del cargamento con el cardenal holandés Philip de Silvry y, gracias a ello, las patatas llegaron al jardín botánico de Viena, desde donde se estudiaron y fueron enviadas al resto de Europa. Sin embargo, pasarían varios años antes de que estas formasen parte de la dieta cotidiana de sus habitantes.
En Francia, por ejemplo, hubo un gran recelo en contra de las patatas, incluso llegaron a pensar que su cultivo era causante de la lepra. No fue sino hasta finales del siglo XVIII que Antoine-Augustin Parmentier, el farmacéutico mayor de la Casa Real de los Inválidos de Francia, logró convencer a los franceses de las bondades de su consumo. Después de alimentarse con este tubérculo durante la Guerra de los Siete Años, Parmentier centró su trabajo en el estudio del tubérculo. Ello dio pie a que la Facultad de Medicina de París autorizara su consumo.
A pesar de sus esfuerzos, el rechazo hacia las patatas seguía siendo el mismo, así que Parmentier no tuvo más remedio que recurrir a la astucia. Su idea de plantar patatas en fanegas de tierra, que el rey Luis XVI les concedió a las afueras de París, y poner guardias para que las vigilasen de noche, fue un gran éxito. La gente dedujo que si los privilegiados apreciaban tanto la patata no debía ser tan mala y más pronto que tarde, comenzaron a saquear las cosechas y a aceptarla en su dieta.
El poder de las zanahorias
Durante la Segunda Guerra Mundial, el piloto británico John Cunningham se convirtió en un héroe por derribar 20 aviones alemanes durante los bombardeos aéreos nocturnos que estaban arrasando Reino Unido. Sus arriesgadas misiones le hicieron merecedor de muchos galardones, así como del apodo “Cat Eyes (Ojos de gato)” por su excepcional habilidad en la batalla nocturna. Dicha habilidad se logró gracias a la dieta especial de zanahorias a la cual fue sometido él y el resto del ejército.
La campaña publicitaria por parte del gobierno británico fue espectacular, pues todos los niños comenzaron a comer más zanahorias y los adultos la sembraron en sus jardines. Por supuesto, la verdadera razón por la que los pilotos derribaron con éxito varios de los aviones enemigos no era las zanahorias, sino el desarrollo de un sofisticado sistema de radar denominado AI, el cual querían mantener en secreto.
Las espinacas y su gran aporte en hierro
El origen de las espinacas se halla en el sudoeste asiático. Fueron introducidas por los árabes en España en el siglo XI y posteriormente al resto de Europa. Curiosamente, las espinacas adquirieron una gran popularidad durante el siglo XX, debido al famoso personaje animado Popeye, quien, tras comerse unas cuantas latas de espinaca, sus músculos crecían y él se hacía más fuerte.
Durante mucho tiempo se creyó que las espinacas contenían, una gran cantidad de hierro por un error científico. Cuando a finales del siglo XIX el científico J. Alexander estudiaba los nutrientes y propiedades de las espinacas, este acotó en sus anotaciones que 100 gr. contenían 0’003 gr (3 miligramos) de hierro. Su secretaria colocó mal la coma y el estudio final se publicó con el erróneo dato de que aportaban unos 30 miligramos. Como era de esperarse, el consumo de espinacas se incrementó un 30%. En 1930, un grupo de científicos alemanes desmintieron los datos y advirtieron del error de transcripción.
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