Bela Lugosi, el actor que hizo grande a Drácula
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Pocos actores de los inicios del cine fueron capaces de perdurar tanto en el tiempo interpretando a un solo personaje. El rumano Béla Ferenc Dezső Blaskó nació en el seno de una familia acomodada y luego fue un sindicalista y amante de su trabajo. Bela Lugosi fue un actor de método. Un solo personaje fue el que lo llevó al estrellato y a la vez lo bajó a los infiernos.
Lugosi llegó a Estados Unidos alrededor de 1919 y comenzó a tener varios trabajos y algunos papeles pequeños en cine que dejaría por un gran papel en el teatro de Broadway. Con experiencia en Europa interpretando papeles como Jesucristo, Hamlet o Romeo en el ‘Romeo y Julieta’ de William Shakespeare, a Lugosi le llegó un papel realmente llamativo: ser el conde Drácula en el el teatro.
Traspaso al cine
Después de un cierto éxito en los teatros americanos, un golpe de suerte lo devolvió al mundo del celuloide. Lugosi se casó con una millonaria, Beatrice Week, que le supuso ser conocido por todo Hollywood.
El golpe de suerte llegó en 1931. El director Tod Browning que ya había demostrado ser un fantástico autor de cine de terror, decidió contratar por 3.500 dólares a Bela Lugosi para ser Drácula, después de que el actor Lon Chaney rechazara el papel.
Desde aquí Lugosi no pararía de trabajar en la década de los años 30 en papeles, la mayoría en películas de terror, y con Drácula en las de mayor éxito.
El género de terror subió como la espuma gracias a Lugosi a uno de sus máximos rivales en la pantalla, el gran Boris Karloff que se hizo con el otro gran papel del terror de la época: Frankenstein, rechazado a su vez por el propio Lugosi.
Consumido por el personaje
El tremendo éxito que tuvo Lugosi gracias a sus interpretaciones de Drácula no se correspondieron con su vida privada en la que fue tremendamente desgraciado. Se casó cinco veces, comenzó a beber mucho, más de lo habitual en él y a ser adicto a la metadona, la morfina y otros fármacos.
Su mala gestión de la fama llevaron a obsesionarse con el papel de Drácula del que jamás quiso olvidarse. Estuvo en una clínica de desintoxicación pero ya era tarde para el gran vampiro del cine. Con más de 60 años tuvo que sobrevivir trabajando en películas de serie B que lo único que hicieron fue hundirle más.
El 16 de agosto de 1956, su última esposa, Hone Linipeg, lo encontró muerto. Dicen que en el lecho de muerte comentó: «Soy el conde Drácula, el rey de los vampiros, soy inmortal» y fue enterrado con la capa del personaje.
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