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El gesto de Sara Carbonero con Goyi Arévalo, su madre, dos meses después de su muerte

Discreto homenaje a su madre

  • Nacho Molina
  • Periodista especializado en información de corazón y televisión. Me paso la vida hablando de la vida de los demás. Antes en La Vanguardia.

El dolor por la pérdida de un ser querido no entiende de calendarios. Lo sabe bien Sara Carbonero, que dos meses después del fallecimiento de su madre, Goyi Arévalo, ha querido mantenerla cerca de una forma tan sencilla como conmovedora. La periodista ha mostrado en sus redes sociales un pequeño detalle que ahora la acompaña a diario y que se ha convertido en su particular homenaje a la mujer que más la marcó. De esta manera la tiene siempre presente, pero, como es ella, lo hace de una forma muy discreta y en Happy FM hemos tenido que fijarnos mucho para descubrir este bonito homenaje.

Un collar con un mensaje muy especial

En sus últimas apariciones públicas, Sara Carbonero luce en el cuello una fina cadena de oro con una palabra grabada: «mamá». Se trata de un complemento que no llevaba en imágenes anteriores, lo que apunta a que lo ha incorporado recientemente como recuerdo constante de Goyi. Un gesto íntimo, casi silencioso, con el que la comunicadora mantiene viva la memoria de su madre allá donde va. El detalle, compartido a través de su perfil de Instagram, ha emocionado a sus seguidores, que llevan semanas acompañando a la periodista en uno de los momentos más difíciles de su vida.

Las fotos en las que aparece este detalle pertenecen a una campaña de publicidad con una marca de calzado, realizadas en el conocido Templo de Debod, uno de los lugares más especiales de Madrid. Se trata de un pequeño templo donado a España por parte de Egipto, para evitar que quedase inundado con la construcción de una gran presa. Desde entonces, en un sitio elegido para ver el atardecer y en el que se realizan cientos de sesiones de fotos cada año.

Quién fue Goyi Arévalo

Goyi, abuela de Martín y Lucas —hijos de Sara con Iker Casillas—, falleció el pasado mes de abril tras una larga enfermedad de la que la familia nunca habló públicamente. Siempre se mantuvo alejada de los focos y del ruido mediático, fiel a un perfil discreto que la definió durante toda su vida.

Según su entorno, no lo tuvo fácil. Atravesó un periodo complicado tras separarse de su marido, una etapa dura de la que supo rehacerse con entereza. Después de aquello se puso a trabajar como auxiliar en una residencia de Corral de Almaguer, el pueblo de Toledo en el que vivió durante años y que su hija reivindica hoy más que nunca. En sus dos últimos años, sin embargo, tuvo que trasladarse a Madrid junto a sus hijas a causa de la enfermedad.

Imágenes del colgante de Sara Carbonero en el que se puede leer la palabra «mamá» (Instagram).

Una última conversación cargada de emoción

Hace unas semanas, durante la entrega de las Medallas de Oro de Castilla-La Mancha, Sara Carbonero se rompió al recordar a su madre. La periodista explicó que, cuando supo que iba a recibir el galardón, Goyi ya se encontraba muy delicada en el hospital, y que aquella fue su última conversación.

Entre lágrimas, Carbonero aseguró que su madre sonrió orgullosa, como siempre, y la señaló como la responsable de la persona que es hoy. La periodista subrayó que todo lo que hace lo hace por ella y que seguirá haciéndolo, en un emotivo discurso que dejó claro el profundo vínculo que las unía.

La carta más difícil de su vida

Pocos días después del fallecimiento, la presentadora se despidió de su madre con una carta publicada en Instagram. En ella confesaba escribir temblando las líneas más complicadas que jamás había redactado, recordando que era precisamente Goyi quien siempre la animaba a escribir.

Carbonero reconoció que lo que peor llevaba era ver que la vida continuaba como si nada, cuando para ella el mundo se había detenido. Describió la ausencia como si le hubieran amputado una parte del cuerpo, y prometió levantarse cada día por sus hijos y por su hermana Irene, más unidos que nunca.

En esa misma despedida, la periodista definió a su madre como una mujer excepcional, buena, generosa, dulce, valiente y discreta, querida por todos cuantos la conocieron. «Qué orgullo tan grande ser tu hija», concluía, en un adiós que tocó el corazón.