En el siglo XIX era una humilde comida de pobres: hoy es un manjar Patrimonio Inmaterial de la Humanidad
Hay platos con siglos de historia que acaban siendo gurmé, pero hay otros con una evolución todavía más sorprendente. Por ejemplo, la pizza margarita, que pasó de comida de pobres a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Lo curioso es que por sus orígenes humildes tiene una lista de ingredientes muy básicos. Para ser reconocida por la UNESCO a la pizza margarita le ha bastado con tomate, mozzarella, albahaca, sal y aceite.
Y es que su historia comenzó en Nápoles a finales del siglo XIX. Desde entonces dejó poco a poco de ser una elaboración italiana para convertirse en una referencia mundial.
Cómo pasó la pizza margarita de alimento de pobres a patrimonio de la humanidad
La fuerza de la pizza margarita está en lo que representa. Pocas recetas son tan fáciles de identificar a simple vista y, al mismo tiempo, tan potentes desde el punto de vista simbólico.
El tomate aporta el rojo, la mozzarella pone el blanco y la albahaca remata con el verde. Casi sin saberlo, una bandera italiana improvisada para conquistar todo el mundo.
Nápoles la colocó en el mapa, pero su imagen la empujó mucho más lejos. Gracias a ser tan reconocible pudo pasar de plato típico a emblema nacional sin perder su forma más clásica.
Y es que lo más importante es que la pizza margarita gusta a todo el mundo. Quizás no sea tu favorita, pero seguro que puedes disfrutarla. Además, todos los restaurantes la ofrecen porque es muy sencilla.
La leyenda histórica sobre el origen de la pizza margarita
La leyenda más conocida coloca el origen de la pizza margarita en 1889. Fue entonces cuando Raffaele Esposito, vinculado a la pizzería Brandi, preparó una pizza dedicada a Margarita de Saboya durante una visita de la reina a Nápoles.
Ese episodio terminó fijando el nombre de pizza Margherita y consolidó una lectura que sigue viva más de un siglo después. La receta encajaba a la perfección con la simbología de la bandera italiana y eso le dio una dimensión que iba mucho más allá de la cocina.
Sin embargo, la base de esta pizza no nació aquel día. Ya antes aparecían descripciones de elaboraciones con tomate, mozzarella y albahaca, lo que indica que la combinación circulaba en Nápoles antes de la visita real.
Es decir, no estamos ante una invención caída del cielo, sino ante una receta que ya tenía recorrido y que encontró en 1889 el impulso perfecto para ordenar su relato, fijar su nombre y ganar prestigio.
La comida de pobres que es un manjar: por qué la pizza margarita todavía triunfa
Hay pizzeros expertos que recomiendan trucos muy sofisticados, pero la grandeza de la pizza margarita es su sencillez. Tiene lo justo para funcionar sin que tengas que complicarte la vida.
Tomate, mozzarella, albahaca fresca, sal y aceite: nada más. No hay excesos ni adornos. Todo juega a favor de una identidad clara, y eso explica que siga siendo una de las pizzas napolitanas más consumidas.
También influye su capacidad para no envejecer. Hay platos que dependen mucho de una moda, de una técnica concreta o del paladar de cada época. La margarita no. Su fuerza está en seguir siendo casi la misma mientras todo alrededor cambia.