Eurocopa
Eurocopa: España - Suiza

Sangre, sudor y ‘semis’

  • Miguel Serrano
  • Me confundieron con un joven prodigio pero acabé de periodista. Escribo cosas de deportes y del Real Madrid en OKDIARIO, igual que antes las escribía en Marca. También a veces hablo por la radio y casi siempre sin decir palabrotas. Soy bastante tocapelotas. Perdonen las molestias.

Sangre, sudor y sufrimiento, toneladas de sufrimiento, tuvo que derrochar España para meterse en semifinales de la Eurocopa tras derrotar por penaltis a una Suiza indomable que se había quedado con diez. Memorable Unai Simón en la tanda. Un gol de rebote de Jordi Alba abrió pronto el camino del triunfo de la selección pero Shaqiri igualó el partido en la segunda parte. En la prórroga merecimos golear, pero Sommer lo evitó. Y luego Unai Simón fue nuestro héroe, parador nacional, que detuvo dos penas máximas a los suizos.

Esta vez Luis Enrique no hizo demasiados cambios y eso también es noticia. El seleccionador ha ido moviendo las piezas hasta que encajar un puzzle que ahora queda bonito colgado en la pared del salón. De los que se exhibieron ante Croacia repetían nueve y eso, para Luis Enrique, es mucho repetir. Dicho del revés: Jordi Alba suplía a Gayá en el lateral izquierdo y Pau Torres entraba por Eric García como acompañante de Laporte.

Todos los demás eran repetidores de octavos. Unai Simón, una suerte de Darth Vader con guantes que pasó de villano a héroe ante Croacia, defendía el arco español. Por delante Azpilicueta y Laporte acompañaban en defensa a las citadas novedades, Pau Torres y Jordi Alba. En el centro del campo, otra vez Busquets, Koke y Pedri. Arriba, otros tres que repetían: Ferran Torres, Sarabia y Morata, que tiene más focos encima que una cárcel de alta seguridad por la noche.

Con estos once nos jugábamos el pase a cuartos ante la sorprendente Suiza, que llegaba de pasar por la guillotina a la todopoderosa Francia pero sin su mejor futbolista, el sancionado Xhaka. Cambiaban los suizos el dibujo y pasaban de una defensa de tres centrales a una línea de cuatro, quizá para blindar algo más el centro del campo ante la ausencia de su líder.

Pitó el árbitro y dominó España en un pispás. Replegó Suiza y blindó su área como si fuera una cuenta numerada de uno de sus famosos y opacos bancos. Como los mensajes de Iván Redondo su plan era sencillo y peligroso a la par: defender juntos y salir rápido a la contra. Así llegó la primera aproximación de Shaqiri, ese taponcito bullicioso, cuyo disparo lo repelió bien ubicado Pau Torres.

Un churro, pero nuestro churro

Respondió España con un monopolio inmisericorde de la pelota que acabó encerrando aún más a Suiza en su área. Así llegó nuestro primer córner y nuestro primer gol. Feo como una nevera por detrás y que dejó helados a los suizos. La pelota le cayó llovida a Jordi Alba en la frontal. El lateral del Barça empaló una media volea que, tras tocar en Zakaria, cambió de trayectoria como Toni Cantó en política y despistó a Sommer. Para nosotros golazo por muy de churro que fuera.

El gol espoleó a España, que ratificó su declaración inicial de intenciones, pero también a Suiza, que se estiró como si estuvieran despertándose de una buena siesta. Sus ataques, de momento, eran resueltos con eficacia por la defensa de la selección, más ordenada que las carpetas de una notaría. Sólo el veloz y potente Embolo nos ponía en dificultades. Así que cuando un tirón muscular le dejó K.O. antes del minuto 20 no es que nos alegráramos, pero respiramos con el alivio de quien lleva unos minutos en apnea.

Suiza era el pupas. Entre el (casi) autogol y la lesión temprana de Embolo le estaban poniendo el partido en bandeja a España. El seleccionador metió a Rubén Vargas, que tiene más nombre de cantaor que de suizo, por el lesionado Embolo.

Mientas Suiza se fundía como un chocolate a la taza España seguía a lo suyo. Rondó el 2-0 en un cabezazo de Azpilicueta a la salida de un córner que atrapó fino y seguro Sommer. Respiraban los suizos, que se sobrepusieron a sus desgracias y siguieron plantando cara a nuestra selección. Es de justicia admitir que son un buen equipo. Quizá no sean muy vistosos, pero son competitivos y el fútbol actual, cada vez más físico y menos intuitivo, genera muchas Suizas.

Se estira Suiza

En los minutos finales España dio un pase atrás ante el empuje helvético. Se aprendieron el camino de nuestro flanco izquierdo y por ahí Shaqiri comenzó a hacernos daño. En un córner en el 39 tuvimos que contener el aliento y apretar músculos que no quiero nombrar aquí cuando Widmer cabeceó arriba un remate franco.

Con el susto en el cuerpo y el partido encarrilado nos fuimos al descanso. Del que volvimos con el primer cambio en las filas de España. Entró Dani Olmo y salió Sarabia, tocado desde los primeros minutos. Y apenas tardó un minuto el extremo del Leipzig en disponer de su primera ocasión. Sommer atrapó su disparo, que había sido invalidado por fuera de juego de Morata (Pichichi de esta estadística) en el origen de la jugada.

Dani Olmo dio otro aire al ataque de España, algo espeso tras la efervescencia de los primeros minutos. Su agitación y su desborde afilaban el juego de la selección, que ahora defendía más que atacaba. Suiza, ese país que siempre es neutral en las guerras, no se rendía. Lo intentaron de todas maneras. Hasta Shaqiri probó sin suerte el gol olímpico.

Los cambios de Luis Enrique

En el 53 Luis Enrique metió a Gerard Moreno por un fundido Morata, extenuado porque trabaja más que un pizzero en día de partido. El partido, con todo, seguía en las manos (o en los pies) de Suiza, que tuvo el 1-1 en la cabeza de Zakaria a la salida de un córner. El mediocentro la echó fuera y se lamentó igual que cuando echó dentro la de Jordi Alba.

A Luis Enrique no le gustaba un pelo lo que veía, pero los minutos corrían a nuestro favor justo cuando alcanzábamos la hora de partido. España andaba atascada de ideas, justa de piernas ante una Suiza indomable. Que tuvo otra ocasión en el 64 en la que Zuber se plantó ante Unai Simón, que metió una mano salvadora a lo Casillas.

El cántaro suizo no paraba de ir a la fuente española. Y, claro, al final se rompió. Contribuyeron al desaguisado Laporte y Pau Torres, que no se entendieron al despejar una pelota cruzada. El despeje del central del City rechazó en el del Villarreal y la pelota cayó en los pies de Freuler, que se la puso a Shaqiri y el pequeñín no perdonó. 1-1 y partido nuevo. No es por ser agorero ni listillo, pero hasta Camacho lo veía venir.

Puede que sea ventajista que me acuerde (otra vez) de Sergio Ramos, pero con el capitán en el campo estas cosas no solían pasar. Igual que lo de fallar dos penaltis, el gol de Lewandowski, los dos de Croacia en cinco minutos… En fin, que nos quedaba un cuarto de hora para evitar la prórroga o la remontada de una Suiza seria y competitiva, que ahora volvía a replegar.

La cornada de Freuler

Una salvaje cornada de Freuler a Gerard Moreno provocó que Suiza se quedara con diez. No es que fuera roja, es que era homicidio involuntario en grado de tentativa. Con uno más, recuperamos el control del partido en una contrarreloj de diez minutos para regatear la prórroga. Suiza se encerró en su área como Pedro Sánchez con los indepes: sólo para ganar tiempo.

Sobrevivieron hasta el 90 porque a España le faltaba ese punto físico que te aclara las ideas en el área. Luis Enrique metió el músculo de Marcos Llorente por un agotado Koke. También resistieron al tiempo añadido, así que otra vez nos fuimos a la prórroga. Tenemos una apartamento alquilado en el sufrimiento y ahí estamos cómodos.

Luis Enrique metió a Oyarzabal por Ferran Torres con la intención de meter más madera en el ataque español. Tuvo en sus botas Gerard Moreno el 2-1 tras una asistencia medida de Jordi Alba. Remató con la espinilla a un metro de la portería y la echó fuera. Si falla esa Morata, tenemos lío. La ocasión era un mensaje de España: quería resolver el partido por la vía rápida, igual que el día de Croacia.

Sommer lo para todo

Arrancamos entonces una sucesión de ocasiones. Era acoso y derribo. Suiza se aferraba al reloj. Dani Olmo, Llorente, Gerard Moreno otra vez… El gol hacía la cobra a España una y otra vez. Y en el 100 Sommer sacó una mano imposible para evitar el gol de Gerard, que podría haber firmado tan tranquilamente un hat-trick en la prórroga.

El puñetero Sommer se nos estaba cruzando en el camino. Lo paraba todo. Por alto, por bajo, por la derecha, por la izquierda. Un cansino el tío. Y un porterazo también. Así que Suiza resistió el asedio español en la primera parte de la prórroga. Seguimos insistiendo, una vez tras otra, en la segunda. No sé por qué tuve un dejavu de Sudáfrica. Pudo marcar Llorente pero lo evitó un defensor suizo con un pie milagroso. Luego otra vez Dani Olmo y otra vez Sommer.

En el 112 Luis Enrique metió a Thiago como penúltima bala y puede que con la mente puesta en los penaltis. España siguió acumulando ocasiones… y fallándolas. Entró Rodri por Pedri en el 118. El reloj nos conducía a los penaltis inexorablemente. Pues nada. A seguir sufriendo. En la prórroga merecimos golear, pero para ser justos mientras estuvimos once contra once fue mejor Suiza.

Comenzó la tanda. Ya me perdonarán si no me extiendo en comentarios. Son los nervios. Como los que tuvo Busquets en el primer penalti. Al palo. Contengo un exabrupto. Tiraba Suiza. Gavranovic gol. Luego marcó Dani Olmo. 1-1. Luego tiraba Schär. Paradón de Unai Simón. Seguíamos 1-1. Iba Rodri. Paró Sommer. El maldito y magnífico Sommer. Pues nada, 1-1. Tiraba Akanji. Otro paradón de Unai Simón. Bien, bien, bien. 1-1. Le tocaba a Gerard Moreno. Golazo y 2-1. Turno para el suizo Vargas. A las nubes. Olé. A las nubes. Olé. Le tocaba a Oyarzabal. Un gol nos metía en semifinales. Y gooooooooooooooooooool. Así que España, con sangre, sudor y sufrimiento, se metió en semifinales de la Eurocopa.