Saúl Jiménez Fortes: «En una corrida de toros vives autenticidad en un mundo artificial»
OKDIARIO te enseña en primicia el traje de estreno de Fortes en la sastrería Justo Algaba
Este domingo torea en Las Ventas toros de Alcurrucén junto con David de Miranda y Víctor Hernández

El sol de media tarde entra por los ventanales del taller mientras Saúl Jiménez Fortes, matador de toros malagueño, se prueba el traje con el que trenzará el paseíllo este domingo en Las Ventas. Viene dispuesto a salir por la puerta grande y OKDIARIO le acompaña en uno de los momentos más íntimos y especiales de su profesión: el instante en que el torero se prueba su traje de estreno que te mostramos en primicia.
«Para mí es una transformación. En cuanto lo sientes, creces. Surgen todos esos valores que un torero tiene y que la persona también lleva dentro, pero que aquí se magnifican», explica mientras se ajusta la chaquetilla.
El traje elegido es oro puro, no una metáfora. Un modelo clásico, inspirado en los toreros antiguos, concretamente Cocherito de Bilbao. Y la plaza donde tomé la alternativa. Quería un traje que mantuviera la esencia de Madrid, algo tradicional pero con personalidad», cuenta. El traje pesa entre seis y siete kilos y, para Saúl, no es solo ropa. Es su piel, su escudo. «Tiene un valor emocional enorme. Vives tardes con él y cuesta desprenderte. Incluso me cuesta verlo en el cuerpo de otra persona».
El prestigioso sastre Justo Algaba toma medidas y aprieta aquí y allá. Saúl se mira al espejo y sonríe. Hace 10 días, el 15 de mayo en San Isidro, un toro le propinó dos fuertes volteretas y casi una tercera. El tobillo y toda la pierna derecha aún muestran la inflamación y los hematomas. «El lunes y el martes todo estaba negro. Ahora ya se ve mejor», dice señalando la zona. Aun así, no ha dudado en seguir adelante. «¿Crees en los milagros?», le pregunto. «Sí, y he tenido unos cuantos», responde con naturalidad.
A pesar del dolor físico, su cabeza ya está en la tarde del domingo. «No se me quita de la cabeza, pero intento distraerme para no llegar saturado». Confiesa que lleva tiempo visualizando cómo será su estreno con este traje de luces: «Ya lo tenía decidido hace tiempo y sí, me ayuda mucho imaginarme toreando con él».
Saúl Jiménez relativiza las cornadas con una madurez que sorprende. «Aceptar la vida como viene. Te ha pegado el toro o te ha pegado la vida: hay que levantarse. No recrearse en el ‘por qué a mí’. Simplemente, estoy bien, puedo seguir, pues ánimo. ¿Qué puedo aprender de esto y continuar?».
Para él, las cornadas forman parte inseparable del toreo. «Si quitáramos el riesgo, si los toreros llevaran kevlar y no pudiéramos ser cogidos, el toreo perdería algo esencial. La cornada llega porque somos toreros, y eso es bello como todo lo demás en la vida».
Preguntado sobre qué le diría a quien duda si ir o no a una corrida, Saúl lo tiene claro: «En un mundo tan artificial y digitalizado, una corrida de toros es algo auténtico, de verdad. Tiene ese punto trágico y heroico al mismo tiempo».
«El torero se pone el traje de luces y se convierte en un alter ego que afronta las dificultades con valentía. No es que no tenga miedo —los toreros tenemos mucho—, pero es capaz de no actuar según ese miedo. Hace lo que debe hacer a pesar de él».
La tensión del momento se relaja por un instante. Fortes vuelve a ser, por unos segundos, Saúl Jiménez. Este domingo Madrid le espera. Saldrá vestido con su nuevo traje de oro y rioja por el insigne Hotel Wellington. Tradición y presente, miedo superado y fe intacta. Saúl Jiménez ya está listo para escribir su tarde este domingo de Pentecostés.
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