¿Qué es el apalancamiento financiero?
En estos momentos de alta volatilidad, invertir en bolsa puede suponer tanto conseguir unos altos beneficios como tener que acarrear con importantes pérdidas. Hay diversidad de opiniones entre los analistas sobre la futura evolución del mercado, especialmente por la alta sensibilidad a las noticias que van conociéndose en el contexto económico mundial.
Si echamos una vista atrás, las pérdidas de los principales índices económicos han sido importantes en los últimos meses. ¿Se ha tocado fondo? Es una pregunta de difícil respuesta, y más vistos los grandes cambios que se producen en un periodo de tiempo tan pequeño. Para quien quiera arriesgarse, explicaremos una forma de financiar la compra de acciones que se utiliza especialmente para grandes montantes de dinero: el apalancamiento financiero. Eso sí, entraña un gran riesgo y no todo el mundo se lo puede permitir.
¿Cómo funciona el apalancamiento financiero?
La finalidad del apalancamiento es financiar una determinada inversión. A veces, para grandes inversiones, no se disponen de todos los recursos propios para afrontarla. Entonces, se utiliza deuda para hacerlo.
El apalancamiento marca una relación determinada entre los recursos propios utilizados y los ajenos. Así, por ejemplo, si entendemos como “100” el total de la inversión, si se disponen de “25” recursos propios y “75” de ajenos, la relación quedará establecida de la forma 3:1. Es decir, para cada recurso propio, hemos utilizado tres de ajenos. Cuanto mayor sea esta relación, más riesgo estará asumiendo la persona, porque la parte correspondiente a la financiación (deuda) es más alta.
El funcionamiento es el siguiente: el inversor compra las acciones a un determinado precio gracias a esta forma mixta de financiación. En un momento determinado, cuando las acciones han subido al valor que esperaba, las vende. Gracias a esta venta, consigue unos intereses, con los cuales paga el coste de la financiación.
Por lo tanto, para que este instrumento funcione, es imprescindible obtener un rendimiento de la inversión mayor al coste de la financiación. Ahora bien: ¿qué sucede si el precio de las acciones cae? Justamente aquí aparece el principal riesgo: no solamente no se habrá conseguido ninguna rentabilidad, sino que encima se deberá afrontar a una doble pérdida: por un lado, los intereses que se están afrontando por la financiación. Por otro, la propia pérdida de capital (nuestros recursos propios) por las pérdidas de la inversión.
La situación más crítica se da cuando las pérdidas son de tal tamaño que van hasta más allá del capital aportado. Entonces, no se tienen recursos ni tan siquiera para poder afrontar los correspondientes pagos acordados de la deuda y se puede entrar en una situación de bancarrota.
Así pues, para escoger esta opción de financiación, hay que estar extremadamente seguros de la viabilidad y rentabilidad de la inversión o se corre el riesgo de, a la vez, contraer una alta deuda y perder todo el capital propio.
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