guerra en irán

El PIB de España crecerá sólo un 0,8% este año y el IPC subirá al 3,3% por la guerra de Irán

Por cada 10 dólares que sube el barril de petróleo el PIB sufre un impacto de medio punto, según la consultora Freemarket

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Carlos Cuerpo, ministro de Economía.
Carlos Ribagorda

El PIB de España crecerá sólo el 0,8% este año y la inflación subirá al 3,3% si la guerra de Irán se alarga y se prolonga durante varios meses. Así lo refleja la consultora Freemarket en el informe Las consecuencias económicas para España de la guerra de Irán, que cifra en medio punto el impacto en el PIB de una subida de 10 dólares del precio del petróleo y de 10 euros el del gas. De momento, el precio del petróleo ya ha subido en 30 dólares el barril, mientras que el del gas ya lo ha hecho en 25 euros.

La consultora establece dos escenarios posibles. En el primero, más optimista, la guerra sólo dura seis semanas -ya va camino de cuatro- y en el peor, se alarga más de seis semanas y el precio del petróleo y del gas se estabiliza en los 100 dólares durante este año.

«Si se sostiene el incremento de precios afectaría en negativo al crecimiento del PIB entre un 0,4% y un 0,5% por cada incremento de 10 dólares y 10 euros en el precio del petróleo y del gas, respectivamente. En este escenario se valora el incremento conjunto de precios de petróleo y gas natural, pero sostenidos hasta seis semanas desde que se inició el conflicto para retornar a precios previos a él a partir del segundo semestre del año», señala el informe.

En el segundo escenario, el precio del petróleo y del gas se mantiene en los precios actuales durante todo el año. En ese caso, según Freemarket, el PIB de España crecerá este año entre un 0,8% y un 1,6%, frente al 2,2% que prevé el Gobierno. «Esta previsión es muy optimista porque una prolongación del conflicto conduciría de manera inexorable a un aumento de los precios del gas y del petróleo superiores a los actuales, con lo cual su impacto sobre la actividad económica sería mucho más negativo», señala.

En cuanto a los precios, Freemarket calcula que en el peor escenario posible la inflación subirá al 3,3% a final de año. El impacto directo de la subida de los precios del petróleo y el gas sería de medio punto, que se vería agravada por los efectos de segunda ronda, es decir, su impacto en los precios de otros productos y en los salarios.

El petróleo y el gas representan alrededor del 70% del consumo de energía primaria en España, por lo que el encarecimiento genera un efecto dominó porque muchos productos están hechos de petróleo.

Dentro del sector químico y de plásticos, la situación es crítica. Los derivados básicos como el etileno y el propileno han visto disparados sus costes de producción por encima del 25% en menos de un mes, lo que impacta directamente en toda la cadena de suministros, desde componentes de automoción hasta envases alimentarios.

En paralelo, el sector de fertilizantes y la agricultura «enfrentan una tormenta perfecta: al encarecimiento del gas para producir amoníaco se suma la entrada en vigor del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) este año, lo que podría elevar el precio de los fertilizantes hasta 100 euros adicionales por hectárea. El campo español ya advierte que la rentabilidad de las cosechas de 2026 está seriamente comprometida, lo que augura un nuevo ciclo de subidas en el precio de los alimentos», señala Freemarket.

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María Jesús Montero, vicepresidenta del Gobierno y candidata del PSOE en Andalucía.

La construcción también se está viendo afectada. El encarecimiento del betún asfáltico está paralizando de facto las licitaciones de obra pública ya que los presupuestos firmados hace meses son hoy inejecutables.

«El sector de la cerámica y el azulejo ha visto cómo el gas supera ya el 50% de sus costes totales, forzando la reactivación de ERTEs preventivos y paradas de hornos ante la pérdida de competitividad frente a productores extraeuropeos. De igual modo, la siderurgia y la metalurgia están aplicando paradas técnicas programadas para evitar la producción a pérdidas ante la volatilidad de los precios horarios de la energía», destaca el informa.

La estructura logística de España, donde el 95% de las mercancías se mueven por carretera, actúa como un amplificador de la crisis. Con el diésel consolidado en niveles máximos, el combustible representa ya entre el 35% y el 40% de los costes operativos de los transportistas. Este sobrecoste se traslada de forma automática al lineal del supermercado, afectando incluso a productos que no dependen directamente del petróleo.

«En resumen, España no se enfrenta simplemente a una subida coyuntural de la gasolina, por simplificar, sino a una reconfiguración forzosa de los márgenes de toda su estructura industrial bajo una presión regulatoria que agrava la vulnerabilidad del sistema», advierte Freemarket.

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