SpaceX, el nuevo sueño americano del capitalismo popular espacial
La reciente salida a Bolsa de SpaceX, ejecutada en junio de 2026, representa uno de los eventos financieros más extraordinarios
La reciente salida a Bolsa de SpaceX, ejecutada en junio de 2026, representa uno de los eventos financieros más extraordinarios de la historia empresarial moderna. La compañía fundada por Elon Musk en el año 2002 acaba de completar la mayor Oferta Pública Inicial (IPO) de la historia bursátil y lo ha hecho pilotada por Goldman Sachs, atrayendo la cifra de 75 mil millones de dólares. Más de 555 millones de acciones con un precio de la acción de 135 dólares por título con un 30 % de inversores minoritarios que han adquirido los valores puestos a la venta por los inversores de fondos y Venture Capital que han estado financiando el crecimiento de SpaceX hasta la fecha. Es la primera de las tres grandes salidas a bolsa que esperaba el mercado junto a Anthropic y OpenIA, además de la colocación en el mercado de acciones de Alphabet.
Con una valoración inicial de aproximadamente 1.77 billones de dólares, o trillones en la nomenclatura anglosajona, que rápidamente superaron los 2 billones. Una capitalización bursátil mayor que la de Amazon o Facebook, tras un debut de la nueva economía espacial (SPCX) que veremos próximamente en el Nasdaq con unas ganancias de hasta un 30% en los primeros días de negociación. SpaceX no solo ha consolidado su posición como la empresa espacial dominante que es ya, sino lo que para mí es más reseñable, ha democratizado la creación de mucha riqueza entre miles de sus empleados.
Tradicionalmente, las empresas recién incorporadas a la bolsa tardaban meses en incorporarse al Nasdaq-100, pero desde mayo del año 2026 el Nasdaq introdujo un “fast entry” que permite a las compañías de gran capitalización, como SpaceX, con una gran valoración, unirse al índice tras solo 15 días de cotización. Además, se han reducido los requisitos de free float, porcentaje de acciones disponibles para el público, y se aplica un multiplicador de ponderación, hasta tres veces, para empresas con bajo float inicial. Muchos de los fondos pasivos que replican el Nasdaq-100, como planes de jubilación, ETFs y carteras institucionales, se van a ver forzadas a comprar millones de acciones de SpaceX en poco tiempo para replicar el benchmark, generando una demanda mecánica y masiva, independientemente del precio o de la valoración de la compañía, algo que impulsará el precio inicial de la acción por la fuerte demanda de los fondos indexados pero también expondrá a los inversores minoristas a una mayor volatilidad y a una ponderación desproporcionada.
Los mecanismos de compensación a los empleados de SpaceX, vía remuneración con opciones sobre acciones, han permitido esta gran transformación. Lejos de haber sido una oportunidad exclusiva para los ejecutivos, la reciente IPO ha convertido a 4.400 empleados, actuales y antiguos en auténticos nuevos millonarios, 400 de ellos con más de 100 millones de dólares en su patrimonio.
Un ejemplo claro de democratización del acceso a la riqueza empresarial, demostrando de una manera práctica y transparente, de cómo las opciones sobre acciones tienen éxito en alinear los incentivos y generar una movilidad social ascendente en aquellas industrias de alta tecnología que desarrollan un crecimiento exponencial.
SpaceX no surgió como una empresa cotizada, de hecho, durante sus 24 años de existencia ha operado como una empresa privada, que ha conseguido alrededor de 12 mil millones de dólares en sucesivas rondas de financiación vía venture capital. Impulsada por su gran éxito en el apoyo a las comunicaciones del ejército de Ucrania en el campo de batalla, su valoración ha crecido de una forma muy acelerada, de los 137 mil millones de dólares en el año 2023 a más de 800 mil millones en las sucesivas rondas del año 2025, hasta alcanzar el rango de los 2 billones de dólares de referencia en la exitosa IPO.
Los datos financieros revelados por los documentos previos a la salida a Bolsa son impresionantes. En el ejercicio de 2025, SpaceX generó 18.7 mil millones de dólares en ingresos, un aumento del 33% respecto al año anterior.
La empresa Starlink, que facilita comunicación de internet vía satélite, genera cada vez más ingresos para la matriz, con unas proyecciones de hasta 24 mil millones de dólares para el presente ejercicio de 2026. Los ingresos del primer trimestre del año actual alcanzaron los 4.7 mil millones de dólares, superando los 4.1 mil millones obtenidos durante el mismo periodo del pasado año. Por su parte, la rentabilidad operativa es la típica de las empresas con una fuerte expansión de capital.
Durante el pasado ejercicio de 2025 reportaron unas pérdidas netas de 4.9 mil millones de dólares frente a una ganancia de 791 millones en 2024, impulsadas por la importante inversión, CapEx, que casi se duplicó hasta los 20.7 mil millones de dólares, incluyendo las fuertes inversiones en inteligencia artificial y en la expansión de su infraestructura. El 76 % de la inversión en capital, unos 40 mil millones de dólares anuales, se destina a la infraestructura de IA en lugar de destinarlo a cohetes que son reciclados. El EBITDA ajustado fue positivo en torno a 6.58 mil millones de dólares, reflejando su solidez operativa subyacente.
El elevado múltiplo manejado en la IPO de SpaceX, refleja las expectativas de crecimiento basadas en aspectos estratégicos tales como la reutilización de los cohetes que está reduciendo de manera drástica los costes de lanzamiento, de decenas de millones de dólares a solo unos pocos, creando importantes economías de escala. Además de la combinación del crecimiento top-line explosivo y una inversión intensiva que justifica la elevada valoración de la compañía con unos múltiplos de entre el 94 y 107 veces las ventas actuales de 18,7 billones de dólares. Son unos múltiplos muy superiores a los conseguidos en su día en la salida a bolsa de Apple,15 veces, o Google,13 veces, pero comparables a empresas de tecnología de alto crecimiento como Palantir Technologies fundada en 2003. SpaceX opera en un sector, el espacial, que tiene unas importantes barreras de entrada, que implica los lanzamientos orbitales reutilizables, constelaciones satelitales y contratos con el gobierno.
La IPO se estructuró ofreciendo alrededor de 555.6 millones de acciones, con una opción “green shoe” adicional de 83 millones. El resultado ha sido la obtención de una demanda cuatro veces superior a la oferta, lo que impulsó el precio de apertura a los 150 dólares con cierres cercanos a los 161 dólares por acción en los primeros días.
Los analistas han llamado la atención sobre las cifras de los ingresos que provienen del área del espacio y de la conectividad de Starlink, que representan solo el 7 % de los ingresos presentados para justificar la valoración. El resto vendría del segmento de la IA, un negocio que hoy dominan en fuerte competencia otras firmas como Anthropic, OpenAI, Google y Microsoft.
La compañía domina el mercado de los lanzamientos comerciales de satélites y ya tiene 10.636 satélites Starlink activos en la órbita terrestre baja LEO, entre 480-570 km, generando unos importantes flujos recurrentes gracias a los 10.3 millones de suscriptores que tiene registrados a fecha finales del primer trimestre de 2026, una cifra en crecimiento continuado que de momento no acredita también un crecimiento del margen por suscriptor, con un ingreso medio por usuario que ha caido un 23%.
SpaceX, tal y como es costumbre de las startups tecnológicas en los Estados Unidos, ofreció a sus empleados una compensación total que incluía salarios competitivos, no siempre los más altos del mercado, complementados muy generosamente con opciones sobre acciones, unidades de acciones restringidas y planes de compra de acciones para empleados. La operación ha convertido a miles de empleados ordinarios en nuevos millonarios, con un efecto neto de transferencia masiva de riqueza.
Esta estrategia alineó a los trabajadores con la misión a largo plazo de SpaceX, dominar el espacio, permitiéndoles participar en la gran transformación de la compañía. Con una plantilla de unos 22.000 empleados, miles de ellos acumularon unas participaciones significativas a lo largo de los años, cuando las valoraciones internas eran realmente bajas. Además, la IPO eleva a Elon Musk al estatus de primer trillonario del mundo, si sumamos a sus acciones en SpaceX, otras participaciones como la de Tesla. Musk retiene el 42 % del capital y el 85 % de los votos.
También, demuestra la madurez del ecosistema espacial privado que en pocos años ha pasado de ser un sector dominado únicamente por los gobiernos, a uno impulsado por el capital privado y los posibles retornos exponenciales.
Desde una perspectiva geoeconómica, se fomenta de una manera activa el ecosistema de la innovación. Los contratos existentes, de miles de millones de dólares con la NASA y el Departamento de Guerra de los Estados Unidos, se complementan con los ingresos comerciales procedentes tanto de clientes particulares como corporativos. Sin duda, Starlink está expandiendo la conectividad global, agregando mucho valor a aquellas economías emergentes que carecen de la posibilidad de construir sus propias redes públicas.
Desde una perspectiva del talento, lo ocurrido con SpaceX valida de una forma práctica el modelo de “equity para todos”. Los estudios sobre el crecimiento de las startups de base tecnológica, muestran que las opciones sobre acciones fomentan la retención del talento y la motivación de los trabajadores brillantes. Algo que pude comprobar directamente, durante el tiempo que trabajé en Silicon Valley, apoyando a empresas tecnológicas españolas en su acceso al mercado de los EE. UU a través del Spain Tech Center que puso en marcha el ICEX a principios de la década de 2010.
En SpaceX, este modelo ha fomentado una cultura de innovación extrema con lanzamientos frecuentes o proyectos como Starship/ super heavy, el novedoso sistema de lanzamiento con nave espacial totalmente reutilizable. Comparado este modelo con el mayoritario de las empresas tradicionales, donde dominan los bonus en dinero en efectivo, aquí se ha ido creando a lo largo de décadas un capital social y financiero compartido.
Como conclusión, la exitosa salida a Bolsa de SpaceX pilotada por Goldman Sachs no solo ha sido una transacción financiera récord, sin duda se trata de un nuevo caso de estudio de cómo las empresas tecnológicas pueden generar una prosperidad compartida. Unos ingresos de 18.7 billones de dólares en 2025, un CapEx masivo, una excepcional valoración y 4.400 nuevos millonarios, dibujan un ecosistema donde el riesgo se ha recompensado a la misma escala. Eso sí, tendremos que esperar entorno a cinco meses, noviembre de 2026, para ver que empleados comienzan a vender el capital que se puede acoger al proceso, según las condiciones de la IPO.
Para miles de empleados, las acciones no fueron solo un “bonus” marginal, sino el vehículo que transformó unos buenos salarios en nuevas fortunas. Soldadores, ingenieros y personal de apoyo ahora tienen dólares que pueden utilizar para financiar la educación para sus hijos, una nueva vivienda, unos nuevos proyectos empresariales o incluso unas jubilaciones anticipadas en Texas o Florida. Estamos ante la nueva narrativa del sueño americano que recompensa el esfuerzo, la innovación, la constancia y el ahorro, logrando una movilidad ascendente en la escalera social.
En el nuevo orden mundial con un predominio creciente de la inteligencia artificial, del espacio y de la sostenibilidad, la empresa SpaceX es un ejemplo de cómo las compañías con ambición de transformar el mundo, no solo resuelven los problemas técnicos como el acceso al espacio o la conectividad global, sino que son capaces de redistribuir la riqueza de una manera más efectiva y amplia que muchos de los modelos corporativos tradicionales.
Esta IPO marca el comienzo de una nueva era para la industria espacial y un gran recordatorio de que, cuando las acciones se otorgan generosamente, los empleados dejan de ser solo mano de obra para convertirse en verdaderos dueños y beneficiarios directos del éxito presente o futuro de las compañías innovadoras ambiciosas.
Stellae sunt opportunitas et periculum
José Luis Moreno, economista ha sido director de Economía en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento de Madrid. Autor de Geoeconomía estratégica con ESIC